Ana Rosa Valdés Salazar
En mi OPinión

La crisis sanitaria que estamos padeciendo los veracruzanos sigue sin resolverse. Hace casi un mes, este problema fue el tema sobre el que principalmente debatió el Congreso del Estado de Veracruz, durante la sesión que celebró el pasado jueves 17 de septiembre.

El debate confrontó a los diputados de Morena con los legisladores de oposición, quienes criticaron duramente el desabasto de medicamentos, insumos básicos, instrumental quirúrgico y personal médico en hospitales y centros de salud de la Entidad.

También se discutió sobre los casos de sarampión, que para entonces habían causado dos muertes, y las protestas de médicos, trabajadores y familiares de pacientes, unos porque no tienen ni lo más indispensable para trabajar y otros porque se ven obligados a comprar medicamentos y materiales de los que carecen los centros hospitalarios para atender a los enfermos.

Pero la figura central del debate fue Roberto Ramos Alor, a quien se cuestionó por mantenerse aferrado al cargo de delegado estatal del IMSS-Bienestar pese al fuerte oleaje de críticas y denostaciones en su contra. De inepto y corrupto no lo bajaron las oradoras del PAN, Montserrat Ortega Ruiz e Índira Rosales San Román; del PRI, Ana Rosa Valdés Salazar; y el diputado independiente Héctor Yunes Landa.

Los argumentos de los diputados morenistas, que intentaron defender lo indefendible, se fueron apagando ante la exhibición, por parte de los opositores, de una realidad que no se puede negar y que ha venido agravándose desde hace varios meses, el mismo tiempo que aquel debate debió esperar, porque en sesiones anteriores Morena y sus aliados abandonaron el recinto para impedir que hubiera quorum, cuando advertían que la oposición pretendía abordar el tema de la crisis en el sector salud.

Como no se puede tapar el sol con un dedo, la cloaca del sector salud se destapó con las manifestaciones del personal de salud y las quejas de familiares de pacientes ante las carencias en los centros hospitalarios, que el gobierno estatal trató de contener con la promesa de que se invertirían mil millones de pesos en la compra de medicamentos e insumos, que al momento de aquel debate no había pasado de eso, de promesa. Las carencias que motivaron los reclamos siguen presentes.

Se discutió el tema del brote intrahospitalario de sarampión, que para entonces había cobrado dos víctimas mortales en el Centro Estatal de Cancerología (CECAN), una menor de edad y un joven de 22 años.

Lo que no se comentó, porque en ese momento no lo sabíamos, es que según personal del CECAN ese brote había surgido aproximadamente un mes antes de la sesión, pero se ocultaba la información hasta que ocurrieron los decesos, además de que se reportaban otros 16 trabajadores contagiados y 81 contagios en total en el Estado, aunque si eso era lo que se reconocía, no sabíamos cuántos había en realidad.

Quien esto escribe presentó en febrero un anteproyecto de punto de acuerdo para exhortar a las Secretarías de Educación y de Salud del Estado a instalar, en cada escuela de nivel básico de la Entidad, módulos de vacunación contra el sarampión, para proteger, sobre todo, a niños y adolescentes y evitar que la enfermedad se propagara sin control entre los veracruzanos.

Lo anterior, porque la Organización Panamericana de la Salud había emitido una alerta epidemiológica sobre el sarampión en el Continente Americano, por la persistencia de casos en varios países, encabezados por México, debido a que se descuidaron las campañas de vacunación desde el sexenio de López Obrador.

En aquel debate sostuve que el brote intrahospitalario en Xalapa evidenciaba que esa situación de grave riesgo no se había atendido debidamente, desafortunadamente había ocasionado el deceso de dos pacientes y la situación era alarmante, por lo que debían investigarse las causas de esos fallecimientos, para determinar si hubo negligencia, si murieron por falta de medicamentos o por alguna otra de las múltiples irregularidades que se dan en el sector salud de Veracruz.

También mencioné que Ramos Alor dejó cuentas pendientes a su paso como secretario de Salud en el sexenio de Cuitláhuac García, respecto de las cuales el ORFIS resolvió con acuerdo de conclusión y archivo de los expedientes, pero señalé que, hasta ese momento, la Auditoría Superior de la Federación no había exonerado a ese delincuente que ni siquiera por dignidad, porque no la conoce, había renunciado al cargo.

Y reiteré mi propuesta de que en los centros escolares se instalen, mediante coordinación entre las Secretarías de Educación y de Salud, módulos de vacunación para evitar que el sarampión siga propagándose sin control y con mayor riesgo entre la población más vulnerable, como son niñas, niños y adolescentes.

Triste panorama el del sector salud de Veracruz, y eso que en aquella sesión no se habló del gusano barrenador, que tampoco se ha combatido como debe ser y que sigue ahí como un peligro latente. Ha pasado casi un mes desde aquel debate; la crisis no ha quedado atrás.