Pepe Cortés

En Veracruz, dos investigaciones periodísticas y una denuncia internacional anunciada por el PAN colocan al gobierno de Rocío Nahle frente a una misma exigencia: rendir cuentas. Mientras surgen revelaciones sobre presuntos negocios multimillonarios vinculados con la refinería de Dos Bocas, documentos muestran entregas de medicamentos en fechas cercanas a visitas oficiales a hospitales donde pacientes denunciaban desabasto.

Latinus difundió grabaciones en las que el empresario Jorge Amílcar Olán, señalado por su cercanía con Andrés Manuel López Beltrán, hijo del expresidente López Obrador, habla de presuntas operaciones por 22 mil millones de pesos relacionadas con la Refinería Olmeca. En ellas se menciona a Leonardo Cornejo Serrano, quien participó en su construcción cuando Nahle encabezaba la Secretaría de Energía y hoy dirige la Secretaría de Infraestructura y Obras Públicas de Veracruz. Las cantidades requieren comprobación documental, pero los señalamientos ameritan revisar contratos, empresas beneficiadas y posibles conflictos de interés. En la conferencia del 14 de octubre, Ana Cristina Ledezma López, presidenta estatal del PAN, exigió aclarar esos vínculos y garantizar transparencia en las adjudicaciones de obra pública. La pregunta es inevitable: ¿tienen alguna continuidad en Veracruz los negocios señalados en Dos Bocas?

Mientras se cuestiona el manejo de miles de millones de pesos, los hospitales enfrentan una realidad preocupante. La periodista Quetzalli Carolina Vázquez, de QUE Noticias, publicó una investigación sustentada en órdenes de envío, folios y controles de recepción. Según esos documentos, se distribuyeron más de 120 mil piezas de medicamentos e insumos, por un valor superior a tres millones de pesos, en fechas próximas a recorridos hospitalarios de la gobernadora. En Perote hubo entregas el mismo día de su visita. En el Hospital de Alta Especialidad de Veracruz ingresaron 19 mil 828 piezas cuatro días antes del recorrido y otras 21 el día de su llegada. También se documentaron suministros en Martínez de la Torre, Tlapacoyan y Altotonga.

¿Fue una distribución ordinaria o un abastecimiento acelerado para mostrar hospitales surtidos ante las cámaras? Los documentos no prueban por sí solos un montaje, pero justifican revisar los inventarios anteriores y posteriores a cada visita. Porque llenar anaqueles para una fotografía, si eso ocurrió, sería una simulación inadmisible frente a quienes esperan tratamientos indispensables.

En este contexto, la diputada Indira Rosales San Román anunció que el PAN prepara expedientes para acudir al sistema interamericano de derechos humanos por presuntas omisiones gubernamentales, desabasto de medicamentos, cirugías aplazadas y tratamientos interrumpidos. El propósito es que las denuncias de los pacientes trasciendan el debate político y permitan investigar responsabilidades y solicitar la reparación del daño. Para lograrlo, será necesario acreditar los casos y cumplir los procedimientos jurídicos correspondientes.

Estos acontecimientos plantean una contradicción que merece respuestas: mientras se habla de operaciones multimillonarias, ciudadanos denuncian que no encuentran medicamentos; mientras el gobierno exhibe hospitales abastecidos, los registros muestran entregas concentradas alrededor de sus visitas. La transparencia exige documentos, no discursos. La salud requiere atención permanente, no recorridos preparados para las cámaras.

A menos de dos años de iniciado el gobierno de Rocío Nahle, la acumulación de escándalos, cuestionamientos y sospechas comienza a evocar, por su desgaste político, los últimos dos años de Javier Duarte. No se trata de equiparar responsabilidades judiciales, sino de advertir el deterioro de la confianza pública. Lo gris y la ineptitud que caracterizaron al gobierno de Cuitláhuac García parecen haber quedado opacados por las controversias, las deficiencias administrativas y las sospechas que hoy rodean a la administración de Morena.

Veracruz pasó de un gobierno gris e incapaz de resolver sus problemas a otro que, además de no resolverlos, acumula escándalos y explicaciones pendientes. La diferencia es preocupante: antes predominaba la ineptitud; hoy, a la ineptitud se suman las sospechas. Y cuando un gobierno tiene más preguntas que respuestas, la rendición de cuentas deja de ser una exigencia política para convertirse en una urgencia pública.

@pepecortesmx
Economista y abogado. Analista político y articulista.