Salvador Muñoz
Los Políticos

Una abuela me escribe preocupada por algo que le contó su nieto, estudiante de la preparatoria Antonio María de Rivera: el martes, alrededor de las ocho y media de la noche, afuera del plantel había un vendedor de hielitos que grababa a los jóvenes y subía los videos a internet.
“Puede vender su mercancía, pero ¿hielitos en la noche? ¿Y por qué grabar a los jóvenes?”, pregunta.
Antes, ella misma pone una salvedad: “No quiero parecer a Lady Croquis”.
Su inquietud merece escucharse. Cuando se trata de los nietos, el radar de una abuela detecta hasta lo que todavía no sucede. Y con las historias que circulan todos los días, tampoco cuesta mucho entender que una cámara frente a una escuela encienda sus alarmas. Pero conviene ponerle nombre y contexto al hombre de la hielera.
Se trata de Luis Ángel, quien junto con su esposa ha encontrado una manera bastante singular de vender sus productos. A los sabores les agregó un ingrediente que difícilmente viene en la receta: ¡HAY HIELITOOOS!
El grito llega de sorpresa. Alguien pega el brinco, otros sueltan la carcajada y la escena termina en redes sociales, particularmente en TikTok, donde lo he visto.
Hay quienes ya lo reconocen y hasta lo buscan para participar en la ocurrencia. Van por el hielito, por el susto o por sus segundos de fama. A ciertas edades, salir en un video también cuenta como actividad extracurricular.
Para una abuela, en cambio, aquello puede verse muy diferente: un desconocido, una cámara, menores de edad y una hielera a una hora que ella considera poco apropiada para andar ofreciendo productos congelados.
El nieto reconoce al personaje de las redes; ella quiere saber quién está afuera de su escuela. A ambos les falta una parte de la conversación.
Lo de vender hielitos por la noche, francamente, no me parece motivo de alarma. El antojo carece de reloj checador. Si alguien encuentra clientela a las ocho y media, tampoco tendría por qué cerrar el changarro para tranquilizar nuestras ideas sobre el horario oficial del hielo.
La cámara sí merece una conversación más cuidadosa.
Quien disfruta la broma puede querer aparecer en ella. También puede haber alguien que se ría del susto y prefiera quedarse fuera de las redes. Eso debe respetarse, con especial cuidado cuando se trata de menores de edad. Su intimidad y su imagen tienen protección; el entusiasmo de un grupo no resuelve por sí solo todas esas consideraciones.
No sabemos, por el mensaje recibido, cómo se acuerdan esas grabaciones ni cuáles son las condiciones de cada publicación. Con ese relato tampoco alcanza para atribuirle malas intenciones a Luis Ángel o pedir que una patrulla llegue a resolver el misterio de los hielitos nocturnos.
Las autoridades del plantel pueden escuchar la inquietud, conocer la dinámica y hablar con quienes participan. A veces hace falta una explicación antes de que el comentario salga de la escuela convertido en expediente.
Por lo que conozco de su manera de vender, veo en Luis Ángel y su esposa a una pareja de emprendedores que ha sabido combinar producto, humor y redes sociales. Han conseguido algo que muchos negocios persiguen pagando publicidad: que la gente los reconozca, los busque y anuncie su llegada.
Ahí está la anécdota de la carrera de melones, por el puente de Xallitic. Al identificarlo, la gente comenzó a corear: “¡Hielitos! ¡Hielitos! ¡Hielitos!”.
Según me cuentan, Luis Ángel respondió al entusiasmo haciendo una pausa en la venta y regalando parte de sus productos. La hielera terminó convertida en punto de encuentro.
Entiendo a la abuela. Hizo bien en preguntar y merece una respuesta respetuosa. También creo que Luis Ángel y su esposa merecen que su trabajo se mire con el contexto completo. Bastante cuesta sacar adelante un negocio como para que cada ocurrencia exitosa venga acompañada de una sospecha.
Vivimos con el sobresalto a flor de piel. Entre lo que ocurre y lo que tememos que ocurra, a veces ya llegamos espantados.
Más éxito para los hielitos más famosos de Xalapa. Que sigan el sabor, las ventas y las risas, con el debido cuidado de quienes aparecen en los videos. Y que el brinco nos lo saque el grito de Luis Ángel. La imaginación ya nos trae dando demasiados!