Felipe de Jesús Fernández Basilio
Desde A Janela
Nunca es grato darse cuenta de que una política pública ha fracasado, porque ese fracaso afecta a millones de personas que nada tienen que ver con quienes la impulsaron.
Pero por desgracia, así sucedió con la llamada “austeridad republicana” luego evolucionada a “pobreza franciscana”, las cuales han sido impulsadas durante los dos últimos sexenios.
Así es, dejar de comprar medicamentos, dejar de dar mantenimiento a las instalaciones hospitalarias y mal pagar al personal médico trajo como consecuencia el desastre que ahora mismo estamos viendo en prácticamente la totalidad de los hospitales públicos.
Y es que pareciera cómico pero en realidad es una tragedia el que tengamos un sistema de salud como el de Dinamarca; aunque para ser más precisos el de una chabola en una calle con el nombre de ese país europeo en lo profundo de una selva de un país bananero.
Efectivamente, al reducir el presupuesto de salud muy por de bajo de lo mínimamente aceptable, se produjo el colapso de todo el ramo de la salud pública y lo peor de todo es que todo este problema era evitable y más aún, porque gradualmente comenzó a dar señales del daño que los salvajes recortes presupuestales le estaban causando.
Las primeras señales del deterioro se manifestaron en cuestiones focalizadas y fácilmente controlables como lo fueron el desabasto de medicinas para pacientes con cáncer o como lo fue el que empezaba a haber una carencia de médicos especialistas en el IMSS o en los hospitales estatales.
Estos síntomas se empezaron a manifestar desde la administración de López Obrador, quien en lugar de reconducir la nave, tachó de terroristas a quienes se quejaban y radicalizó más su postura cancelando servicios públicos que eran eficientes como el Seguro Popular.
Y ya que hablamos del Seguro Popular, programa diseñado por un médico especialista como lo es el doctor Julio Frenk, el cual ha sido sustituido por dos dos programas diseñados por quien sabe quien, que ni juntos han hecho ni si quiera la décima parte de lo que hizo el Seguro Popular.
Claro, el Seguro Popular naturalmente era costoso, lo que sirve cuesta, y por esa razón fue que lo cerraron y con ello, se dejó de dar un servicio digno de salud a miles de mexicanos.
No conformes con eso, dejaron de comprar medicinas, las cuales también son costosas, y hasta la fecha no han encontrado quien las regale; si no mal recuerdo eso fue intentado en tiempos de López Obrador.
Y aparte de todo lo anterior, en estos dos últimos gobiernos federales (y de los estados que se afiliaron al IMSS Bienestar) la consigna ha sido pauperizar los salarios en el sector público, con la consecuencia de que los antes cotizadísimos puestos de trabajo en el sistema público de salud, ahora son escasamente atractivos frente a la iniciativa privada.
Lo cual no es necesariamente malo, pero sí deja sin cobijo a los millones de mexicanos que no pueden costear los servicios médicos particulares y/o que tampoco pueden esclavizar su presupuesto para pagar un seguro privado de gastos médicos y menos ahora, que por la voracidad gubernamental, las pólizas han incrementado sus costos debido a las nuevas cargas impositivas que el gobierno federal les ha creado.
Volviendo al sistema público de salud colapsado en el cual los médicos protestan porque no tienen el más mínimo material para desempeñar sus labores y en cuyas instalaciones, tanto ellos como los pacientes contraen infecciones debido a la mala calidad de los alimentos que ahí se distribuyen.
Y todo eso se debe a que el dinero público no se ha utilizado para mantener los servicios hospitalarios de todos los mexicanos.
Así es, la explicación de todos y cada uno de los problemas que aquejan a médicos y pacientes en el sector público, se encuentra en los recortes presupuestales que brutalmente ha aplicado el gobierno en los últimos ocho años y nada va a mejorar, porque en el gobierno de la transformación que no fue y ni tampoco será, primero muertos a reconocer que algo se está haciendo mal.
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X: @FelipeFBasilio




