Jorge Arturo Rodríguez
Tierra de Babel
¿En qué mundo viven? ¿En qué país viven? Ambas preguntas, si así lo estiman, giran alrededor de su entorno, no precisamente a que respondan con inmediatez y nula reflexión, que viéndolo bien -o mal, como gusten- en esas estamos: viviendo en la inmediatez y la ignorancia, atenidos y atados a lo que podamos conseguir pa’ la papa, pa’ el bocado del grado y desgrado que sea, con tal de seguir… contentos y felices, engañados con celulares, autos, diversión, embobados y embutidos; claro, los que pueden, lo que aún gozan del privilegio de la comodidad, de irla pasando, porque aún hay gente -siempre la habrá- que sufren por un bocado de aire, si se me permite la expresión. En todo caso, vivimos en sonambulismos y nos hemos alejados de reflexiones, conciencias, valores, ética y de humanidad. No de ese rampante “humanismo mexicano” al que se refiere el gobierno que ni los que están adentro de éste conocen ni sienten.
Hay que decirlo sin titubeos: México es el país donde el gobierno no oye ni ve más lo que le conviene, pos lo pintan del color del dichoso movimiento morenista, 4T y segundo piso, lleno de dicha, igualdades, justicia, transparencia… Vaya, un México feliz y próspero y un montón de bienestar. Ocultan -intentan ocultar-, la pobreza, la violencia, la corrupción, la impunidad…, su soberbia e insensibilidad ante el sufrimiento de ese pueblo del que tanto hablan. Lo ocultan o lo llaman de otra manera y se salen por la tangente.
“Nunca se está seguro de lo peor. Así está hecho el hombre, no reconoce lo malo hasta que lo tiene delante”, dice un personaje de la novela Putzi. El confidente de Hitler, de Thomas Snégaroff.
Y da miedo. ¿O acaso se siente seguro en este mundo, en este país?
Juan Cristóbal Bilbao Escotto, en su estupendo artículo “La normalización del infierno”, escribe: “En México se está librando una batalla por aquello que estamos dispuestos a considerar “ordinario”, por aquello que ya forma parte del paisaje: el sicario, la fosa, la balacera, la camioneta blindada, el narcocorrido que presume al verdugo, el altar a la Santa Muerte en la casa de seguridad, el desaparecido, el halcón, Jesús Malverde. Una cultura que empieza a tratarlos no como anomalías, sino como parte natural del “ser mexicano”. Los convertimos en música, tatuaje, meme, camiseta, pódcast, serie, u otros productos culturales que abonan a la normalización y están a merced de quien decide consumirlos.”
Bilbao Escotto dice: “…cuando los símbolos de la violencia se vuelven cultura y cada nueva atrocidad apenas consigue sorprendernos hasta que llega la siguiente, lo que empieza a romperse es algo más profundo que la seguridad pública: nuestra identidad colectiva, nuestra sensibilidad frente al daño y la idea misma de quiénes somos.”
Fulmina: “Quizá por eso me parece tan pobre decir que México atraviesa sólo una crisis de seguridad. La crisis es normalizar aquello que nos está destruyendo. La decadencia de una sociedad no surge cuando aparece el horror —en realidad siempre ha estado ahí—, empieza más bien cuando dejamos de reconocerlo como tal.” (nexos.com.mx, 08/10/2026).
Creo que estamos normalizando la destrucción de México. ¡Por Dios! O por quien sea, ¿no creen que hay que hacer algo?
Los días y los temas
Juan Villoro, recientemente galardona con el Premio Internacional Carlos Fuentes a la Creación Literaria en el Idioma Español, en entrevista expresó que en México “hay desigualdad, supermillonarios y, al mismo tiempo, personas muy desfavorecidas. Continúa la discriminación de género y por el color de la piel, lo cual es absurdo en un país que debería considerarse multicultural. Muchos de los mexicanos han tenido que emigrar a Estados Unidos para encontrar mejores formas de vida. Es un momento muy complicado.”
Villoro añade: “Hay un gran descontento sin utopía. (…) Muchos jóvenes son apolíticos; la mayoría de ellos se muestran muy decepcionados de todo el sistema. Hay una actitud crítica radical, pero que no tiene una esperanza de construcción de una realidad alterna. Es una radicalidad desencantada. Es una situación dramática, porque una de las peores cosas que le puede pasar a una sociedad es perder las expectativas. En los años 60 y 70 vivimos eso. Pensábamos que la construcción de una izquierda democrática, al menos era lo que yo creía, iba a tener resultados muy positivos para la ciencia, la salud, la cultura y la educación. Y hemos visto que todos estos temas han sido los más rezagados por gobiernos.” (razón.com.mx, 13/10/2026).
En un mundo y en país llamado…
De cinismo y anexas
Váyale reflexionando:
Sin prejuicios de ninguna tipo -si es su estima- chequen la siguiente expresión: “Es importante dejar un mejor país para nuestros hijos, pero es mejor dejar mejores hijos para nuestro país”. (Carlos Slim Domit. Sí, hijo del empresario Carlos Slim Helú).
Hasta la próxima.




