Pepe Cortés

El Estado social nació de una aspiración legítima: proteger a quienes enfrentan pobreza, enfermedad o falta de oportunidades. Pero ningún discurso cambia una realidad básica: los recursos públicos son limitados y las necesidades, prácticamente infinitas. Gobernar es, antes que nada, establecer prioridades.

Francia fue durante décadas uno de los grandes referentes del Estado de bienestar. Su modelo de protección social, con amplias prestaciones en salud, educación, pensiones y asistencia pública, se convirtió en ejemplo para numerosos países. Pero la realidad económica terminó por alcanzarla. El envejecimiento poblacional, las obligaciones sociales crecientes, el bajo dinamismo económico y un endeudamiento cada vez más costoso han puesto a prueba la sostenibilidad de ese modelo.

Su deuda pública llegó al 119% del PIB al cierre de junio de 2026, mientras las previsiones gubernamentales apuntan al 121.7% para 2027. Solo el pago de intereses pasaría de unos 79 mil millones de euros este año a 91 mil millones el próximo. Para contener el deterioro, el proyecto presupuestario de 2027 plantea ahorros por 54 mil millones de euros, con medidas que generan debate sobre pensiones y prestaciones. Cuando la deuda crece, disminuye el margen financiero para atender otras necesidades.

En México, las transferencias directas son hoy uno de los principales instrumentos de la política social. Por eso importa que los recursos no solamente se aprueben, sino que se administren con planeación, se entreguen oportunamente y se evalúen por resultados.

Jóvenes Construyendo el Futuro lo ilustra. Desde 2019 ha vinculado a más de 3.5 millones de jóvenes. Para 2026 se estableció una meta de 500 mil participantes, con 25,173 millones de pesos. El 25 de septiembre se anunció que el 1 de octubre habría un nuevo periodo de vinculaciones. Sin embargo, el 2 de octubre la Secretaría del Trabajo informó que no abriría y posteriormente la presidenta confirmó que no habría nuevas incorporaciones hasta enero de 2027, argumentando que la meta anual ya se había cumplido.

Alcanzar una meta no es un error. Lo cuestionable es anunciar una apertura que finalmente no ocurrió y dejar sin alternativa dentro del programa a quienes la esperaban. ¿Dónde quedó la planeación? ¿Qué opciones tienen esos jóvenes durante los meses de espera?

Aquí resulta indispensable recuperar el principio de subsidiariedad, uno de los fundamentos del pensamiento humanista. El Estado debe apoyar a personas, familias y comunidades cuando sus capacidades resultan insuficientes, sin sustituir innecesariamente su iniciativa, responsabilidad ni libertad.

Desde esta perspectiva, una política social responsable debe responder cuatro preguntas fundamentales: ¿a quién está dirigida?, ¿qué necesidad concreta busca resolver?, ¿durante cuánto tiempo debe otorgarse el apoyo y qué resultados pretende alcanzar?

La población objetivo debe estar claramente identificada, la necesidad debe justificar la intervención y su temporalidad debe corresponder a la naturaleza del problema. No es lo mismo proteger a una persona con discapacidad permanente que capacitar a un joven para incorporarse al mercado laboral. En el primer caso puede requerirse protección continua; en el segundo, el propósito debe ser alcanzar la autonomía económica.

Una beca debe contribuir a que el estudiante permanezca en la escuela y concluya su formación. Un programa de capacitación debe facilitar su incorporación al empleo. Su eficacia no puede medirse únicamente por el dinero distribuido o por el número de beneficiarios anunciados.

Tampoco debemos olvidar que los programas sociales no se financian con recursos personales de los gobernantes. Se pagan con impuestos y dinero público que exige transparencia, responsabilidad y rendición de cuentas.

Francia enfrenta el desafío de financiar compromisos sociales cada vez más costosos. México tiene la oportunidad de discutir cómo preservar sus programas sin comprometer la estabilidad presupuestaria.

La subsidiariedad no significa abandonar a quien necesita ayuda, sino proporcionarle herramientas para superar sus condiciones de vulnerabilidad. El verdadero éxito de una política social no consiste en multiplicar beneficiarios permanentes, sino en generar condiciones para que cada vez más personas puedan vivir con dignidad, libertad y autonomía.

@pepecortesmx
Economista y abogado. Analista político y articulista.