Salvador Muñoz

Los Políticos

La motocicleta apareció por donde no existe carril alguno. Entre dos filas de vehículos. Ocurrió este martes en la esquina de Joaquín Arróniz y Magnolias, en Jardines de Xalapa. Los carros habían detenido su marcha para permitir el paso de un automóvil que atravesaba la calle cuando, de pronto, apareció la moto por en medio. El impacto fue inevitable.

La pareja que viajaba en la motocicleta salió proyectada y cayó junto a un taxi. La moto terminó atrás del mismo vehículo. Todo ocurrió en segundos. Y todo quedó grabado.

A través de los grupos de WhatsApp y de un video vecinal nos enteramos del lamentable suceso en el que, nuevamente, aparece involucrada una motocicleta.

El juicio whatsappero fue inmediato: La culpa fue del motociclista. Y después vinieron los comentarios. Algunos razonables. Otros cargados de ese sentimiento que empieza a crecer entre automovilistas contra quienes conducen motos. No voy a entrar en eso.

Determinar responsabilidades corresponde a Tránsito, a los peritos, a las aseguradoras o, si el asunto escala, a la autoridad correspondiente. Lo que sí muestra el video es otra cosa:

el tercer carril.

Ese maravilloso espacio vial que no aparece en ningún plano de Xalapa, que nadie construyó, que no está pintado sobre el pavimento, pero que algunos motociclistas descubren mágicamente entre dos filas de automóviles. Entre un urbano y un taxi: cabe. Entre dos carros: cabe. Entre el coche y la banqueta: cabe. Entre los vehículos detenidos en un crucero: también cabe. Hasta que deja de caber.

Hace unos días leía un trabajo de Itzel Molina, publicado en Diario de Xalapa, sobre un fenómeno que ayuda a dimensionar el problema: las motocicletas siguen multiplicándose en Xalapa. Según los datos recogidos por la reportera, en aproximadamente cinco años pasamos de unas 20 mil motocicletas a alrededor de 40 mil unidades circulando por la ciudad. Cuarenta mil! Y de acuerdo con el mismo trabajo, diariamente pueden registrarse hasta 15 accidentes relacionados con motocicletas. Es decir, duplicamos las motos. Lástima que no duplicamos el sentido común.

Hace algunos meses escribí en este mismo espacio sobre el tema. Entonces dije –y hoy lo sostengo– que no tengo absolutamente nada contra las motocicletas. Es más: si pudiera, volvería a conducir una. Lo que sí tengo es un serio problema con la imbecilidad de quien conduce cualquier vehículo de manera temeraria. Sea motocicleta, automóvil, camioneta mamalona, taxi, urbano o tráiler. Nada más que en una moto hay una pequeña diferencia:

la carrocería es uno mismo.

El Reglamento de Tránsito establece obligaciones específicas para los motociclistas y prohíbe circular entre los carriles del tránsito. Pero una cosa es lo que dice el Reglamento y otra lo que vemos todos los días en Xalapa. Aquí algunos motociclistas han desarrollado habilidades que desafían la geometría y la física: Ven cincuenta centímetros entre dos vehículos y encuentran una avenida. Ven una fila de carros detenidos y encuentran un carril de alta velocidad. Ven un semáforo en rojo y encuentran una sugerencia. Ven coches cediendo el paso y encuentran una oportunidad para seguir de frente. Y no son todos. Vale insistir porque luego pagan justos por pecadores.

Hay motociclistas responsables. Gente que utiliza la moto para ir al trabajo, para repartir alimentos, para llevar a los hijos a la escuela o simplemente porque resulta un medio de transporte más económico y práctico en una ciudad donde trasladarse en automóvil cada día es más complicado.

El problema son los otros. Los que parecieran creer que comprar una motocicleta incluye automáticamente inmunidad al Reglamento de Tránsito. Y también hay una responsabilidad de la autoridad. Porque si Xalapa ya tiene alrededor de 40 mil motocicletas circulando, el asunto dejó hace mucho de ser marginal. No basta con operativos esporádicos para revisar placas o cascos. Hay que revisar cómo están circulando, porque el casco podrá salvarle la vida al motociclista cuando se estrelle pero lo ideal sería evitar que se estrelle y eso implica vigilancia, educación vial, sanciones y, sobre todo, hacer cumplir las reglas que ya existen.

El accidente de Jardines de Xalapa sirve para algo más que repartir culpas en WhatsApp. Sirve para observar lo que ocurre diariamente frente a nosotros.

El martes, alguien volvió a comprobar que el tercer carril no existe. Existe durante unos segundos. Mientras uno rebasa. Mientras uno se cuela. Mientras uno piensa que alcanza. Mientras uno cree que por ahí cabe. Hasta que deja de caber.

Y entonces aparecen la ambulancia, Tránsito, el ajustador, la aseguradora, el hospital, las facturas, los golpes y la discusión sobre quién tuvo la culpa.

La moto no tiene la culpa.

El automóvil tampoco por el simple hecho de ser automóvil.

El problema sigue siendo el mismo que escribí hace unos meses. Pareciera que para algunos conducir como imbécil fuera requisito para obtener la licencia. Sólo que ahora hay alrededor de 40 mil motocicletas circulando por Xalapa y algunas, además, ya traen incluido un carril propio. El que no existe.