Salvador Muñoz
Los Políticos
Es innegable que el arribo de Américo Zúñiga a las filas ecologistas sacudió el avispero y cada quien ve su transición de escarlata a esmeralda como mejor le place.
En el PVEM, haga de cuenta que con Américo sienten que acaban de fichar a Erling Haaland, el goleador noruego. Para los morenos y buena parte de la oposición también es Haaland… nada más que contratado por el Yucatán. O para no ir tan lejos, por el Piratas FC.
Es cuestión de enfoques.
Como sea, el Verde anda entusiasmado. El color le volvió a las hojas y al parecer el resultado de la primera siembra les gustó tanto que por las Altas Montañas ya andan regando otra plantita identificada históricamente con el PRI, a ver si en una de ésas también pega y termina pintándose de esmeralda.
En Orizaba de inmediato empezó a sonar el nombre de Juan Manuel Diez Francos.
Ojo: que suene no significa que haya firmado, aceptado o que ya tenga tucán en el hombro. Por ahora, el nombre del ex alcalde aparece en las mesas de café, en las conversaciones políticas y en esa industria veracruzana que fabrica candidatos mucho antes de que los interesados sepan que ya están compitiendo… pero tampoco es un nombre cualquiera.
Diez Francos es considerado un liderazgo que rebasó desde hace tiempo el ámbito empresarial. Tiene fuerza entre la raza de bronce y, curiosamente, no precisamente por su carisma –virtud de la que presumen muchos políticos– sino por sus resultados –virtud de la que pueden presumir muchos menos–.
Por eso, si Américo fue recibido por los verdes como fichaje europeo, imagine usted lo que significaría incorporar al orizabeño.
Mientras en las Altas Montañas le echan agüita a la maceta, desde el Altiplano nos jalan las orejas por aquello que escribimos sobre la fotosíntesis del PRI.
Nos dicen que Jorge Carvallo Delfín nunca fue Verde.
Que del PRI pasó a Morena y que, además, no tiene empacho en reconocer dónde está parado. Si alguna vez se le vio trabajando al lado de los verdes, la versión que nos hacen llegar es mucho más sencilla: recibió la instrucción de apoyarlos.
Nada más. Así que hacemos la correspondiente fe de erratas ecológica: Donde dijimos que Carvallo se había pintado de Verde, léase que nomás estaba bajo la sombra del árbol. Y tampoco vayamos a imaginar una fraternidad digna de Greenpeace. Nos cuentan que entre Carvallo y Marcelo Ruiz Sánchez la relación se mide, más que en metros, en cuartas. Con los demás verdes… ¡Ni máiz, tucán!
La aclaración sirve además para entender que en esta nueva botánica electoral no todo lo que está junto es de la misma especie, ni todo lo que se ve verde pertenece necesariamente al Verde. Pero lo de Américo sí es Verde. Muy Verde.
Y si las versiones de café alrededor de Juan Manuel Diez Francos algún día pasan de la conversación a los hechos, habrá que reconocer que el partido del tucán encontró una estrategia bastante más sencilla que andar formando cuadros desde abajo: Trasplantarlos!
Porque para qué esperar años a que crezca el arbolito si en el vivero de enfrente hay plantas adultas, con raíces, estructura, votos y hasta experiencia de gobierno.
Quizá entonces estábamos equivocados con aquello de que el PRI hizo fotosíntesis.
No hizo fotosíntesis. Lo pusieron en un vivero y a juzgar por el entusiasmo de los verdes… ¡le están echando agüita!




