Jorge Ramón Rizzo*

Focus Group

Ejercer el periodismo en México representa una de las labores más peligrosas debido a la violencia criminal y la precariedad laboral que vulneran a la libertad de prensa. La profesión enfrenta además una severa crisis de credibilidad y deslegitimación institucional que obstaculiza su rol democrático de fiscalización al poder.

Estamos en el momento exacto para  actuar como contrapeso y fiscalizador de las autoridades y actores públicos para exigir transparencia y rendición de cuentas. Ante la crisis en nuestras instituciones, el rol del periodismo adquiere esa responsabilidad.

Hoy más que nunca debemos transmitir información confiable, y que los datos que utilicemos deben ser verificados, contrastados y plasmados de la manera más imparcial posible, frente a la desinformación existente.

Una balanza entre lo que se emite desde los círculos de poder e igualmente dar voz a las comunidades vulnerables y exponer problemáticas locales como la corrupción, la violencia o la injusticia, para que la vigilancia del poder sea una realidad desde la trinchera periodística.

No puedo dejar de mencionar que México es considerado uno de los países más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo, con regiones donde el riesgo obliga al silencio o al desplazamiento forzado de comunicadores.

Es revelador, lo que organizaciones internacionales documentan acerca de un 98% de los delitos cometidos contra la prensa en el país quedan impunes, lo que perpetúa los ataques de actores tanto delictivos como políticos. Exponiendo a comunicadores a ser silenciados a como dé lugar.

A este flagelo, agreguemos la falta de salarios dignos, la ausencia de prestaciones adecuadas, así como la desprotección social, especialmente en el ámbito local, convirtiéndose en una verdadera losa para quienes ejercen la actividad reporteril y muchas veces siguen la noticia sin la remuneración justa y sin un mínimo de garantías para su cabal desempeño.

También, la labor periodística es frecuentemente desacreditada desde diversos sectores del poder político. Vemos a nuestras autoridades calificar a periodistas nacionales como “comentócratas”, fragmentando su relación con las audiencias y vapuleando su prestigio, demeritando y haciendo vulnerable su papel.

Los indicadores globales consultados por ’Focus Group” reflejan que la confianza de la ciudadanía en las noticias tradicionales se encuentra en mínimos históricos, rondando el 37% a nivel mundial, debido a la polarización política y a las burbujas informativas de las redes sociales.

A manera de conclusión, quiero dejar en su mente, la necesidad de sí utilizar plataformas digitales, redes sociales y nuevos formatos para conectar con las audiencias actuales, ya que ante la evolución tecnológica en materia comunicacional, el rol de los periodistas en el México actual es fundamental para la democracia, pero en pleno siglo veintiuno se ejerce bajo enormes desafíos de seguridad y precariedad laboral.

En tiempos donde la inteligencia artificial actúa como motor de automatización, debemos utilizar la posibilidad de procesar grandes bases de datos, transcribir entrevistas, traducir contenidos y redactar notas breves automáticas, para liberar tiempo para que los reporteros se enfoquen en investigaciones complejas y crónicas de largo aliento.

El verdadero oficio periodístico se manifiesta en una labor que va más allá de la simple transmisión de noticias, ya que se ha convertido en una resistencia activa para garantizar el derecho de la ciudadanía a estar informada. Y quienes tenemos la oportunidad de contar espacio en los medios y dirigirnos a lectores, escuchas, videntes o seguidores, debemos ser altamente responsables y afinar la precisión de nuestros contenidos.

*Periodista/Tlaxcala