Oved Contreras
Secas Mecas
Veracruz va a tener un hospital oncológico para mujeres. El anuncio lo hizo ayer la gobernadora Rocío Nahle en Tuxpan, al salir de la toma de protesta del nuevo comandante de la 19/a Zona Militar. No es dato menor: será el sexto hospital nuevo para Veracruz, aparte de los cinco que ya había anunciado la presidenta Claudia Sheinbaum.
El plan federal es ambicioso y tiene rostro humano: replicar el Hospital de La Pastora de la CDMX, donde una mujer se hace todo en un mismo lugar, con diagnóstico en menos de 14 días y tratamiento en menos de 30. Hoy en Veracruz eso es una quimera. 10 hospitales nuevos en 2027, 11 en 2028, 10 en 2029. Veracruz todavía no tiene fecha ni sede.
Y aquí viene el dato que debe doler: Veracruz registró 827 casos de cáncer de mama hasta septiembre de este año, según el Boletín Epidemiológico federal. 813 mujeres y 14 hombres. Sí, a los hombres también les da. Es menos que los 1,108 del año pasado, pero seguimos en el top 10 nacional. Jalisco trae 3,142, CDMX 2,448. Pero Veracruz tiene el agravante del diagnóstico tardío.
A nivel nacional, entre el 64 y el 72.8% de las pacientes llegan en etapa II y III, cuando el cáncer ya avanzó. La mediana de edad es 52 años, pero el 17.5% tiene menos de 40. Cada vez son más jóvenes. En el CECAN de Xalapa pasaron de 350 casos en 2024 a 400 en 2025, un 20% más.
En mortalidad, Veracruz está relativamente “bien”: 15.9 muertes por cada 100 mil mujeres en 2024, por debajo del promedio nacional de 18.7, según INEGI. Chihuahua trae 27.6. Pero ese 15.9 son 528 mujeres veracruzanas muertas en 2024. La cuarta entidad con más muertes absolutas, solo detrás de Edomex, CDMX y Jalisco.
Y mientras se anuncia el hospital del 2029, hoy el CECAN pide donaciones. El oficio 00186/2026 del Poder Judicial lo confirma: piden a trabajadores que donen pistolas para biopsias, catéteres para quimio y sillones reclinables. Si el centro de cancerología necesita sillones donados, ¿con qué se va a llenar el hospital nuevo?
Y la gobernadora lo dijo sin rodeos ayer: “Hoy lo que queremos es medicamentos. En Veracruz tenemos instalaciones que requieren mantenimiento o rehabilitación”. Esa es la frase que vale más que el anuncio del hospital. Porque el sistema SAS que presume, ese que detecta faltantes y mueve medicamentos de un hospital a otro, es en realidad el síntoma de que no hay abasto suficiente. Mover medicinas de Tuxpan a Xalapa no es logística, es carencia.
El hospital oncológico para mujeres es necesario, urgente y justo. Pero antes de la primera piedra, hay tres pendientes que no necesitan render: Patólogos y oncólogos. Veracruz no tiene suficientes. ¿De dónde van a salir para el sexto hospital? Mastógrafos que funcionen hoy. En muchas jurisdicciones una mastografía cuesta hasta 8 mil pesos si la pagas privada. En el sector público la cita tarda meses. Quimio a tiempo. Como dice la activista Rogelia López de Juvecan: “la lista de citas es larguísima y ahí es donde nos falla la morosidad”. Una cirugía 50 mil, cada quimio 15 mil. Si se tardan, la paciente paga con vida o con cartera.
El anuncio es del futuro, el cáncer es de hoy. Bienvenido el sexto hospital, pero que no nos haga olvidar que hoy 827 veracruzanas ya están esperando turno.
EL LENTE PARA AFUERA…La Universidad Veracruzana inauguró ayer en el Museo de Antropología de Xalapa el congreso internacional “La ultraderecha en un mundo globalizado”. 22 y 23 de octubre. Con Cuauhtémoc Cárdenas abriendo.
El rector Martín Aguilar Sánchez dijo lo correcto en el discurso: que la universidad debe “examinar sus propios puntos ciegos y corregir sus prácticas”, que la defensa de la universidad pública, la autonomía y la libertad de cátedra tiene una dimensión democrática fundamental.
Hasta ahí, impecable. El problema vino después, en la entrevista. Cuando le preguntaron por el presupuesto, por el desmantelamiento aquí, el rector respondió textual: “Aquí no hay desmantelamiento. Nosotros no tenemos ningún tipo de riesgo, al contrario, estamos en un País de carácter progresista”.
Y cuando la reportera Ángeles González Ceballos le preguntó si simpatizaba con ese progresismo de la 4T, le contestó: “la pregunta era muy mala, porque el tema era la ultraderecha”.
Y remató: “En México estamos siendo respetados en las universidades públicas, los temas presupuestales son otro tipo”.
Para afuera, el rector usa un lente crítico: denuncia que donde gobierna la ultraderecha las universidades están “muy agredidas”, con académicos en malas condiciones, con límites a la libertad de expresión.
Para adentro, cambia el lente por uno de acomodo: el marco político local es “progresista”, el financiamiento es “otro tipo” de discusión, no parte del mismo desmantelamiento.
Pero es el mismo bolsillo.
La Constitución dice que las universidades deben recibir presupuestos que no pueden ser menores a la inflación. La UV lo ha peleado cada año. Cada año ha enfrentado recortes reales. Eso también es desmantelamiento, aunque no venga con discurso de Milei o de Trump. Viene con la forma más vieja: sin dinero no hay laboratorio, sin laboratorio no hay ciencia, sin ciencia no hay autonomía que defender.
Se entiende el pragmatismo. La UV depende del financiador directo, del gobierno estatal y federal. Nadie quiere pelearse con quien paga la nómina. Pero si el congreso es para hablar de ultraderecha en un mundo globalizado, con pluralidad y pensamiento crítico, ¿no sería bueno hacer también el balance del progresismo en casa?
Porque si la autocrítica solo sirve para mirar a Argentina, Brasil o Estados Unidos, y no para mirarnos en el espejo de Xalapa, entonces no es autocrítica. Es coartada.
Y la universidad, que nos enseñó a no olvidar de dónde venimos y hacia dónde vamos, merece algo más que un foro para mirar hacia afuera mientras adentro callamos por pragmatismo.




