José Luis Ortega Vidal
Claroscuros

Resulta fundamental retirar a los partidos políticos y sus ideologías del primer plano de nuestra vida cotidiana; de la profundidad de nuestros afanes ciudadanos…
En su lugar, debemos colocar al país; primero es México, el lugar común de todos, y después son los partidos y sus particulares visiones del poder…
Polarizados, perdemos todos…excepto los políticos y los partidos que los llevan al poder; ellos siempre ganan.
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La democracia mexicana impulsada durante los últimos cuarenta años, no fue parida solamente por la izquierda, ni únicamente por la derecha…
La derecha estuvo doce años en el poder presidencial y la izquierda lleva ocho…
Sin embargo, la lucha democrática mexicana costó vidas de Tirios y Troyanos.
Se debe criticar el papel de unos y otros, pero nadie puede agenciarse como propio el proceso que acabó con la dictadura perfecta del priato.
La democratización mexicana no es resultado automático del adiós a un momento de la historia y la bienvenida a un punto nuevo.
Se trata de varias etapas históricas, contradictorias, confrontadas entre sí, múltiples, confusas, reclamantes de objetivos distintos y aún inconclusas.
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Más aún: además de la izquierda y la derecha, el propio PRI contribuyó a su destrucción, lo cual genera una aportación a la democracia desde el propio huevo de la serpiente.
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La corriente democrática de Cuauhtémoc Cárdenas et al, fue una lucha clave al interior del PRI.
Cuauhtémoc Cárdenas (+) y sus compañeros de lucha no fundaron originalmente un partido opositor sino un movimiento político dentro de su partido, el PRI, bajo la demanda de la apertura democrática.
La exigencia era la democracia y un cambio del injusto modelo macroeconómico neoliberal, no el acceso al poder desde un marco ideológico distinto al nacionalismo revolucionario priista.
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Antes de 1986, cuando surgió la corriente democrática del PRI, hubo en México una izquierda auténtica, histórica, y en pie de lucha a favor de un mejor país…
Pero también existió una derecha con objetivos semejantes y con personajes prestigiosos.
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Los días que corren México sufre las consecuencias del arribo de la mediocridad al poder político en todos los niveles.
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Está de moda autodenominarse de izquierda sin saber a ciencia cierta lo que esto significa…
Hay quienes se definen de izquierda porque aseguran amar a Cuba…
Los hay que se consideran izquierdistas porque admiran a China…
Apenas volvió a ganar Lula y muchos presumen de haber admirado siempre los golazos de zurda de Roberto Carlos…
No faltan los izquierdistas que rememoran sus años modos calzados de huarache y leyendo cualquier cosa donde apareciese la palabra Marx…hasta las películas de Groucho.
Lo más relevante para la estructura de esta izquierda a la mexicana consiste en cobrar una buena quincena y no faltar a las citas de pizza, cine, cervezas frías y mitin para la “causa”.
Subir en la escala del dinero, bajo cualquier esquema de corrupción, es la otra cara de la misma moneda izquierdista nacional; y esta, tristemente, es la más importante.
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Ocurre, sin embargo, que ser de izquierda exige ser honesto, de ciudadanía noble, con vocación para el sacrificio y la disciplina tanto individual -a partir de valores probados- como colectiva en lo social y lo político.
Hubo un tiempo en que ser de derecha implicaba las mismas exigencias.
A la derecha le ocurrió que llegó al poder y se traicionó a sí misma y lamentablemente la izquierda -hoy en el poder- sufre el mismo cáncer.
La izquierda mexicana fue coherente mientras no tuvo el poder; una vez en la silla nos están regalando una lista inagotable de personajes y hechos corruptos; acompañados, como ocurrió con la derecha, de un gastado discurso de acusar por todo a los rivales -y a los periodistas- y no asumir la mínima autocrítica para resarcir sus propios errores.
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El primer presidente asumido por sí mismo y seguidores como de izquierda en México, fue Andrés Manuel López Obrador, quien desde una posición secundaria formó parte de la corriente democrática del Partido Revolucionario Institucional, en cuyo seno dio inicio a su formación política y del cual fue dirigente estatal en su natal Tabasco.
Este dato nos remite a los vínculos de la izquierda morenista con su ADN priista manifiesto en el ejercicio de gobierno autodenominado 4T.
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Volviendo al tema de la paternidad de la democracia (enclenque, sin duda) del México que en el siglo XXI sufre de violencia al mismo grado que de corrupción en todos los colores: azul, tricolor, guinda, naranja, verde, rojo, etcétera, vale recordar en la década de los 80s junto al priista y luego fundador del PRD, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano (QEPD), luchó por la democracia el panista Manuel J. Clouthier.
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Para mirar a fondo el cuadrado político, resulta fundamental colocarnos en la perspectiva de la esfera.