Salvador Muñoz

Los Políticos

El Costeño vino a Veracruz sin venir. No necesitó pisar territorio jarocho para descubrir que tenía dos vehículos registrados a su nombre, aunque jamás los compró, jamás los manejó y mucho menos los conoció. Eso sí, los impuestos se los estaban cobrando puntualmente. Para eso sí funciona la burocracia!

El comediante Ricardo Javier Carranza Gasca denunció públicamente que debía entre 12 mil y 13 mil pesos por una Chevrolet y una plataforma que sólo existían en su vida fiscal. Y como cereza del pastel, los adeudos le estaban afectando su historial crediticio.

Su reclamo era tan sencillo como contundente: para ponerle los vehículos a su nombre nadie le pidió que viajara a Veracruz, pero para quitárselos pretendían hacerlo venir a Xalapa.

Ah, la eficiencia administrativa! Para meterte en problemas basta una copia de tus documentos; para sacarte de ellos, casi necesitas un acta de nacimiento expedida por San Pedro… Pero la historia dio un giro.

El secretario de Finanzas y Planeación, el Besucón Miguel Santiago Reyes Hernández, intervino en el asunto y, de acuerdo con su explicación pública, comenzaron a aparecer las irregularidades: presunta suplantación de identidad, documentos falsificados, gestores y hasta dos exempleados vinculados con los trámites realizados en Isla y Alvarado.

Mira nada más! El Costeño buscaba a los dueños de sus vehículos imaginarios y terminó destapando una posible función de magia administrativa, pues una cosa es que alguien falsifique una credencial del INE y otra, mucho más preocupante, que con ella pueda realizar trámites oficiales sin que nadie advierta que la fotografía no corresponde al verdadero titular de los datos.

¿Quién revisó los documentos? ¿Quién autorizó los movimientos? ¿Qué controles se aplicaron? ¿Cuántos registros semejantes podrían existir?

Y sobre todo: ¿desde cuándo una identidad ajena puede convertirse en llave para realizar trámites vehiculares?

Hay que reconocerle al secretario Reyes Hernández que atendió el problema. El propio Costeño terminó agradeciéndole públicamente su intervención y disposición para esclarecer el asunto.

Bien por el funcionario, pero una cosa es apagar el incendio y otra revisar por qué el edificio tenía las puertas abiertas para los pirómanos.

Aquí viene la carnita: Si no se hubiera tratado de un comediante conocido, capaz de convertir su indignación en un video viral, ¿habría recibido la misma atención? ¿O estaría todavía haciendo fila, sacando copias, pagando traslados y esperando que algún funcionario le explicara cómo demostrar que él es él?

Sefiplan sostiene que está modernizando sus procedimientos y cerrando espacios a gestores y malas prácticas. Excelente, pero modernizar no consiste únicamente en instalar turnos electrónicos… también significa impedir que alguien llegue con documentos ajenos y salga con un vehículo legalmente registrado.

Y si las investigaciones confirman la participación irregular de exempleados, habrá que conocer las responsabilidades administrativas y penales correspondientes.

El problema no termina cuando El Costeño deja de deber las tenencias. Termina cuando se esclarece quién utilizó sus datos, cómo consiguió hacerlo y quién permitió que los trámites prosperaran.

Por lo pronto, el humorista agradece, Finanzas investiga y dos vehículos buscan explicación.

Al final, lo que comenzó como una denuncia de comedia involuntaria podría convertirse en una radiografía bastante seria de nuestra burocracia que deja una pregunta que seguramente no provocará tantas carcajadas en las oficinas de Hacienda:

¿Cuántos Costeños habrá en Veracruz que todavía no saben que tienen vehículos, adeudos o problemas que jamás contrataron? Porque al verdadero Costeño lo escucharon gracias a su fama. A los demás, probablemente, ni turno les han dado.