Felipe de Jesús Fernández Basilio
Desde a Janela

Ciertamente la estrepitosa derrota de Trump en las elecciones intermedias de los Estados Unidos es algo digno de celebrarse debido a que con ello se demuestra que en una democracia, los únicos que dan y quitan el poder son los ciudadanos.

Por ello es que para el interior de los Estados Unidos, la noticia resultó magnífica y ello sencillamente se debe a que los ciudadanos de aquel país se hartaron de las mentiras populistas, de las políticas erradas que les han encarecido el costo de la vida y de la ostentosa corrupción y prepotencia tanto de su presidente como de sus familiares, amigos y también de varios altos funcionarios públicos.

Por eso es que decidieron votar por un legislativo que sea de oposición y que, con ello, habilite los muchos contrapesos que constitucionalmente tienen tanto el Congreso en su conjunto, como cada una de sus Cámaras.

Como mexicanos, por supuesto que celebramos la derrota de Trump.

Pero esa celebración más bien es desinteresada, ya que lo que se reconoce es que la democracia sigue gozando de cabal salud en nuestro vecino y principal socio comercial y el martes le dieron a Trump y a su partido un contundente mensaje, el cual consiste en que si pretenden seguir en la Casa Blanca dentro de dos años, muchas cosas deberán de cambiar.

Y a la vez, también miramos con la envidia de quienes tuvimos una democracia que llegó a ser bastante saludable y que ahora mismo es una pantomima, merced a que sus dos órganos (Instituto y Tribunal Electorales) se encuentran abiertamente sometidos al partido en el poder y más aún, porque las mayorías legislativas que aquí fueron instauradas, no se corresponden con la que los ciudadanos otorgamos en las urnas.

Por ello es que el resultado electoral del martes es maravilloso para los Estados Unidos.

¿Pero esa bondad es igual para el resto del mundo?

Aquí aplica el clásico italiano “chi lo sa” (quien sabe); siendo así, porque debido al sistema constitucional de Estados Unidos, un presidente un presidente debilitado internamente tiende a hacerse fuerte en la política exterior.

Me explico, cuando se le vuelve un campo minado gobernar hacia el interior debido a contar con un Congreso mayoritariamente opositor, la solución a su alcance es la política exterior, en la cual tiene mucho mayor rango de acción sin requerir de autorización legislativa.

Aunado a lo anterior, continuar presionando a otros países, con México a la cabeza, para que contengan y repriman a sus mafias del crimen organizado enquistadas en sus gobiernos, cuenta con el consenso de todos los legisladores.

Y también, resulta importante no pasar por alto que históricamente los demócratas, debido a sus fuertes intereses sindicales, han sido más duros en la cuestión del libre comercio.

En este último aspecto es preciso resaltar que Trump es una anomalía en lo que al partido republicano se refiere.

Por ello resulta muy llamativo que desde el gobierno mexicano y su partido celebren tanto la derrota de Trump, porque realmente no se sabe que tipo de tiempos les vienen por delante.

Aunque, realmente no es tan raro, porque los morenistas son tan incongruentes que hace dos años celebraban la victoria del mismo personaje al que ahora rechazan o ¿A poco hace dos años no era Biden el villano de la película y amaban a “Trun” como le llama su jefe máximo?

En fin, lo que queda de la jornada del martes en Estados Unidos es que los populismos agotan al electorado cuando no cumplen con lo que prometen, lo cual generalmente es imposible precisamente debido a que el populismo ofrece cosas irrealizables a mediano y largo plazo.

Y así como allá la realidad es que en lugar de hacer a América más grande, la hicieron más pequeña; aquí lo es, que tenemos una transformación que no fue y ni tampoco será.

¿Podremos también limitarla en las elecciones intermedias del año que entra?

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X: @FelipeFBasilio