Pedro Manterola
Hoja de Ruta

Yo adivino el parpadeo de las luces que a lo lejos van marcando mi retorno… Esto es un tango, por supuesto. “Volver”, de Carlos Gardel y Alfredo La Pera. 
La gubernatura de 2 años y las alcaldías anuales son un mensaje trivial y absurdo que disfraza un intento perverso y simulador. No hay gobierno de cualquier nivel que cumpla o ejecute sus más elementales planes y proyectos en un período tan corto de tiempo. Cuando la tendencia es dar continuidad a gobiernos exitosos, aquí pretenden alargar 2 años una administración frustrada. En realidad, su deseo es un sexenio de 8 años. 
No hay un caso similar o equiparable al que ahora se pretende imponer en Veracruz. El sexenio de Don Fernando Gutiérrez Barrios fue terminado por Dante Delgado, con resultados que aún hoy están a la vista y en el ánimo de los veracruzanos. Don Fernando no se fue, llegó de Xalapa al gobierno federal para ser Secretario de Gobernación. Dante no apareció de la nada, prosiguió una obra y un trabajo del que era pieza primordial. No hay en el actual mapa de gobierno veracruzano figuras de ese nivel, ni la situación es la misma, ni las intenciones se parecen. No engañan a nadie.  
Poco o nada les interesa a los promotores de la homologación de elecciones y del gobierno estatal bianual uniformar, ahorrar y simplificar. Pura impostura. En Palacio, el que despacha y el que manda necesitan urgentemente un sexenio de 8 años, porque en los 6 que les encargaron lo que consideran su changarro a los jóvenes fieles les vino grande Veracruz. No han querido reordenar cabalmente las finanzas, y no saben hacer política en el sentido propio da la palabra. Pura “grilla” de una cofradía excluyente, ambiciosa y manipuladora. Los argumentos a favor son profusamente publicitados, los cuestionamientos, resistencias y argumentos en sentido contrario son desfigurados, tapados, ignorados. Será porque carecen de capacidad para darles respuesta lúcida y serena. 
Su proyecto transexenal se ha visto disminuido por sus propias torpezas y su visible avidez, por ser manifiestamente ajenos y distantes de la población, de sus problemas, necesidades y exigencias. Lo evidente es su visible indiferencia y desdén por el estado y los veracruzanos. En su cabeza, la voluntad ciudadana es un estorbo, un impedimento que hasta ahora han logrado soslayar con carretadas de dinero elección tras elección, partido tras partido, columna tras columna, dirigente tras dirigente,. Son notorias las excepciones que modifican esa regla, pero siendo indudables, no parecen suficientes. 
Comprar votos, corromper voces y dirigencias para ellos es como adquirir acciones de Veracruz&Co., asegurando el control de recursos, cargos y patrimonios. Requieren entonces un «gobernadorcito» de bienio, que deje por fin algo en las arcas y meta más o menos orden en las finanzas, que se involucre en la próxima sucesión presidencial, que allá cambie la pésima imagen de la actual administración local y que enrede las reglas del juego acá, que ponga candidatos a modo para las alcaldías, y que de esta camada tan vaporosa impulse a un “delfín” que ahora sí trate de dar el ancho, un alfil de papel que combata a todos los Yunes. A todos. Porque con Héctor no pueden, con Pepe no quieren y con Miguel Ángel no entienden. 
El PAN rojizo y el PRD bermejo están marcados por la letra escarlata. La ”F, de falderos, por supuesto. Asisten en su papel de titiribacos, meros escoltas que comparten enemigos comunes con la cofradía de Palacio. Se sienten parte de un ejército y no pasan de ser comparsas. Nadie sabe, puede o quiere poner orden. Ni los asesores de oro ni las delegados de papel. En la capital ven hacia el Golfo de México y alguien musita en Los Pinos: “Con esos bueyes hay que arar.” Y así nos va a ir.