Ricardo Vázquez Salazar
Esfera Política

No obstante los señalamientos hechos al máximo organismo internacional de futbol, la FIFA, por actos de corrupción en el arreglo de partidos, en resultados pactados o amañados, lo que demuestra que no solamente en las contiendas político electorales se presenta este fenómeno; también el escenario deportivo ha sido contagiado por la epidemia de la corrupción. Los descomunales intereses económicos de absolutamente todo lo que implica un Mundial de futbol, pudieron ser más fuertes que ofrecer a los miles de millones de seguidores, una verdadera justa deportiva.
Esto no ha sido impedimento para que la afición futbolera mundial, sin que se excluya por supuesto la mexicana, merme en lo mínimo la atención y emoción centrada en cada uno de los partidos –de futbol claro- y que la población permanezca cautiva en la burbuja de la ilusión y la fantasía de que México pueda llegar a ser campeón del mundo. Porque mientras nuestros compatriotas no sean eliminados, la euforia seguirá creciendo cada día que transcurra, y aun cuando el Tri haya sido eliminado, hasta que termine el Mundial los mexicanos despertaremos y volveremos a la realidad.
Mientras dure el mundial de futbol y continuemos en la contienda, los mexicanos seguiremos acariciando la posibilidad de llegar a ser campeones del mundo. Imaginemos solo un momento ver a “El Piojo” Herrera alzando en brazos la Copa del mundo. ¡Qué euforia de los mexicanos!. Por todos los bares, restaurantes y plazas retumbaría una y otra vez a todo volumen: We are the champions. Si llegáramos a ser campeones, los problemas de México pasarían a segundo término durante un largo periodo.
A quién iba a importar que la inseguridad siga ganando terreno, que continúe habiendo más víctimas en manos del crimen organizado; salvo a los directamente afectados.
Ni quien se fije en la recesión económica. En el grave endeudamiento de varias entidades y en quienes la originaron.
Que las mujeres indígenas o de escasos recursos sigan pariendo en los sanitarios y en patios de los hospitales; se tomaría como algo muy normal.
Que existan telesecundarias que no tienen televisión, ni energía eléctrica; ni siquiera un local donde los estudiantes puedan tomar clases. Por ello no es fortuito que el rezago entre los estudiantes mexicanos y los de países miembros de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) sea de dos años de escolaridad, por lo que México es el país con el peor desempeño en matemáticas, lectura y ciencias.
Que en las entidades donde continúe presentándose violencia, sus gobernadores sigan siendo desplazados de sus funciones y operaciones por el Gobierno Federal; que éste se vea obligado a intervenir directamente no solo en materia de seguridad, también en otras áreas, por incompetencia o pérdida de confianza de su gobernador.
Las anunciadas bondades de las reformas estructurales tendrían un salvoconducto, una vigencia a mayor plazo.
A nadie iba a interesarle si se llega a concretar la homologación de elecciones, ni quienes vayan a ser los candidatos a gobernador de dos y seis años, porque al fin y al cabo, si un gobernador no hace nada en seis años, menos va a hacer en dos, ni en 10 años.

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