Armando Ortiz

El Hijo Pródigo

Entre la escasa asistencia a los eventos programados, las bajas ventas, la amenaza constante de lluvia y la presencia de sabios histéricos, la Feria Internacional del Libro Universitario de la Universidad Veracruzana termina como cada año, sin pena ni gloria. Cabe señalar que esta es la primera feria dentro de la administración de Sara Ladrón de Guevara, la mujer que habría de poner nuevo rostro a la UV. Es también la primera experiencia de la Dra. Magaly Velasco Vargas, quien sustituyera a Rodolfo Mendoza Rosendo, para que éste pudiera partir hacia la dirección del IVEC.
Las ferias del libro son ya una tradición en Xalapa, una ciudad que todavía presume ser “la Atenas veracruzana”. De alguna manera Xalapa se ha distinguido, si bien no por su activismo social, si lo ha hecho en los comicios electorales donde ha demostrado que su voto cuenta. En las elecciones para presidente de la República, ni una casilla de Xalapa le dio el triunfo a Peña Nieto, el candidato que no recordó ni tres libros que hubiese leído. Algo debe significar ese hecho.
En las redes sociales y en algunos portales de noticias ya se habla del fracaso de la feria del libro. Pero cuando se habla de un fracaso, se debe pensar también en una victoria, en un triunfo. ¿Qué sería necesario observar para hablar de una feria del libro victoriosa? ¿Que las salas de conferencia estén llenas? ¿Que los libreros agoten sus ventas? ¿Que los invitados se dejen tomar fotos con los convidados sin que haya manotazos? Si algo debemos agradecer a la organización de una feria es que no busque a como dé lugar, una victoria falsa.
Porque si quisieran que las conferencias estuviesen llenas, pues entonces invitarían a Yordi Rosado a que presentara su libro para chavos o a Carlos Cuauhtémoc Sánchez para que hablara de su “magnífica” obra, o a Ninel Conde para que nos leyera en voz alta algunos fragmentos de La puta diabla, novela de Fito Páez, o traerían a Paulo Cohelo como representante del país invitado. Y miren que entonces sí, las conferencias se llenarían, porque este es un país mediático y la fama y la celebridad es miel para las abejas jóvenes que creen que lo que sale en la tele es lo que realmente vale la pena.
En México se lee muy poco. Esa es una realidad que debemos tomar en cuenta. Y los pocos que leen a veces forman tribus y no hay nada peor en el mundo de la cultura que una tribu de fanáticos literarios que le perdonan cualquier error al escritor que los comanda; se toman lo que éste les da, así sea la prosa más chabacana.
Se supone que el primer objetivo de una feria del libro es fomentar el gusto por la lectura. Pero el fomento a la lectura es un asunto íntimo, cercano. Por ejemplo, los buenos resultados que hemos tenido con el Programa de Fomento a la Lectura “Libertad bajo palabra” se han dado porque nosotros vamos y buscamos grupos para compartir con ellos las lecturas que ya antes hemos disfrutado.
Antes bien creo que las ferias del libro sirven para reforzar ese gusto por la lectura en las personas que ya lo tienen, y para abrir las puertas y las ventanas a los curiosos para que se asomen y puedan ver que la literatura, no la televisión, es lo que podría cambiarles la vida para bien.
Por ello, antes de una feria del libro se debería hacer una labor más cercana, una labor de fomento a la lectura que creara auditorios para esos conferenciantes, escritores e investigadores que se presentan en los foros ante escasos concurrentes. Baste señalar que la Universidad Veracruzana no tiene vínculos culturales con los bachilleratos y mucho menos con las escuelas secundarias. No se oye hablar de una universidad que acuda a dar lecturas a las generaciones que la alcanzarán. Tal parece que para la UV los aspirantes a universitario sólo son clientes que se pueden rechazar.
Pero las ferias del libro también sirven para otras cosas, dependiendo de los sujetos que intervengan. Deliberadamente usaré las palabras de Roger Cobec, contacto que tengo en Facebook, quien señala muy acertadamente el uso que algunos dan a las ferias: “La FILU está en las manos de «investigadores» con doctorado que se autocomplacen en invitar a sus escritores predilectos (que nadie más conoce) o a otros burócratas como ellos para cerrar el círculo onanista en el cual el joven universitario de a pie, ajeno a las letras no tiene lugar. Estas personas, cuyo ego es más grande que la lista de mesas literarias que han moderado desde que fueron estudiantes de letras, sienten que, como autoridades en la materia, tienen el deber de culturizar a los que no estudiaron sus maestrías o doctorados, a sabiendas de que la gente y los estudiantes universitarios necesitan leer a esos escritores que se inflan como guajolotes al rechazar cualquier esbozo de literatura ‘mainstream’ y a los investigadores cuyos trabajos más aguerridos consisten en análisis como ‘arquetipos distópicos’ en el universo literario de Juan Pérez”.
No hay tal fracaso en las ferias del libro, el fracaso está en este país que sigue relegando a la cultura como si fuese un mal que se debiera erradicar. Sería injusto decir que el resultado de la FILU se debe al poco esfuerzo de los organizadores. Me consta que no. El fracaso, lo repito está en este país que tiene un presidente al que se le perdona la poca cultura literaria que tiene, nada más por guapo o por haberse casado con “La gaviota”, una estrella más del “Canal de las estrellas”.

Postdata1: #ChingueSuMadreEPN
A propósito de presidentes incultos. Hace unos días en las redes sociales se lanzó la más grande mentada de madre y fue precisamente a Enrique Peña Nieto. Pues ha surgido en las mismas redes sociales la versión de que la UV ha reprimido este tipo de expresiones expulsando a 15 estudiantes. Lo curioso es que todos hablan de ello, menos los expulsados. ¿Dónde están los reprimidos?

Postdata 2: Sara Ladrón de Guevara, cosa de percepciones
Por esta misma razón acusaron de represora a Sara Ladrón de Guevara. Tardío el boletín oficial señala que la rectoría rechaza categórica “cualquier intento de coartar la libertad de expresión de los universitarios”. Lo que yo me preguntó es, ¿por qué muy pocos rechazaron de inmediato la posibilidad de que Sara Ladrón de Guevara pudiera cometer este tipo de acciones? Es cosa de percepciones, pero algunos se dieron vuelo insultándola al suponer que ella podría ser responsable.

aortiz52@hotmail.com