El adiós de la Casa del Lago

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Cecilia Muñoz

Polisemia

 

 

Por supuesto, la fe sabe de la lluvia. La reconoce como un elemento más en medio de sus celebraciones y la acepta sin chistar; está consciente de que ésta nunca será impedimento para sus creyentes. Por eso, este sábado el Dique xalapeño se colmó de ceremoniales cantos y alabanzas, pero también de vendimia entre ofertas. La Guadalupana esperaba a sus fieles y sus fieles acudieron a ella, aprovechando el fin de semana y sabiendo que al final encontrarían refugio, sino en su hogar, sí en el alegre mercadeo puesto en su honor.

Pero la fe no fue la única que hizo fiesta este sábado, sino también el arte y la cultura xalapeños con el Festival de cierre 2016 de la Casa del Lago. Con tres eventos seguidos la Universidad Veracruzana despidió el año y los amantes del teatro, la danza y la música acudieron sin dejarse intimidar ni por la lluvia ni por el frío. Y es que el arte también es una forma de fe.

A las 5:00 de la tarde, el grupo Litera Teatro nos conmovió con la tierna actuación de Marcos Iñigo Flores Rivera y Alexandra Díaz Lucho, dos niños que nos deslumbraron con la maravillosa interpretación de la obra “Jamás dejaré de mirar el mar”, una historia sobre las soledades que se encuentran y se vuelven, aunque sea por un día, esperanzas. Hay que estar atentos a la trayectoria de estos dos menores, porque se nota no solo la experiencia de seis meses representando dicho montaje, sino también un talento que con el tiempo detonará en excelencia. Mención especial a la paloma que interpretó a la paloma “Cloe”. ¡Cuánta belleza en un ave! Desde aquí, nuestros mejores deseos para la criatura.

Posteriormente, a las 7:00 de la tarde, la Compañía Las Sangres presentó “Espacios compartidos”, una muestra de danza que generó tal expectación que agotó sus 120 boletos gratuitos en espacio de pocas horas. No fue para menos. En otros contextos, la sangre podría leerse como un signo de violencia, pero no aquí, donde más bien pareciera

indicar el camino que el líquido toma en los cuerpos de los bailarines que hacen movimientos inimaginables para los legos de la danza. Las Sangres son los artistas que fluyen en medio de diversos ritmos para contar una historia que a pesar de la ausencia de palabras, asombra y conmueve.

Es imposible dejar de mencionar el intermedio entre “Nunca dejaré de mirar el mar” y “Compartiendo espacios”, así como el momento posterior al último, pues la Casa del Lago no dejó desamparados a sus visitantes entre espera y espera, sino que los guareció con ponche y bocadillos para aliviar la frialdad que se colaba en la casa de piedra. Y por ello, a pesar del clima adverso, la camaradería nunca dejó el recinto, pues la comida y la bebida siempre hermanan incluso a los desconocidos. ¡Un 10 para la Casa del Lago como anfitriona!

Finalmente, a las 9:00 de la noche, el grupo xalapeño Tálamo se presentó. En honor a la verdad, se ha de decir que la audiencia fue menor a la esperada, pero esto no impidió que la agrupación dejara caer su ánimo. Cada uno de sus integrantes tocó con energía y sus vocalistas dejaron la garganta en cada una de sus canciones.

Poco menos de una hora después los asistentes regresamos al mundo real. La fiesta se acabó, al menos por este año… pero frente a la salida había otra, la de las festividades de la Virgen. Quizás solo era cuestión de saltar de un jolgorio a otro. Pero eso es ya otra historia.

Festival de Cierre

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