Arturo Reyes González
Burladero

El periódico El Economista publica el día de ayer una nota titulada “Mexicanos impulsarán la actividad espacial”. Se trata de Fernando, Guillermo, Mauricio y Octavio, egresados de la carrera de Ingeniería de La universidad La Salle de la ciudad de México, quienes relatan que tras haber concluido sus estudios universitarios salieron “con ganas de comerse al mundo” y uno de ellos, Fernando de la Peña, convertido en el principal promotor de lo que sería la Agencia Espacial Mexicana (AEM), tuvo la oportunidad o mejor dicho peleó y se generó la oportunidad de trabajar en la NASA desde donde afirma comprobó cómo muchos países se benefician por apostarle al tema del desarrollo espacial.
Así, una vez que se decidió, regresó a buscar a sus amigos de la escuela para tratar de reproducir un proyecto similar en México. “Tenemos el doble de ingenieros graduados de los que tiene Estados Unidos, siendo que tenemos la mitad de la población. Eso prueba que tenemos mucho talento pero no lo estamos aprovechando”, agregó.
Esto es, el proyecto además de impulsar la carrera espacial en nuestro país se sumaría a ese grupo de 47 países como Estados Unidos, Brasil, Argentina, Paraguay, Bolivia, Ecuador e incluso países africanos, además de India, China, Rusia y Canadá, lo que a su vez –explican– daría a México más empleos, mejoraría la economía, aprovecharíamos a nuestros científicos y, sobre todo, dejaríamos de depender del desarrollo tecnológico de otras naciones.
La información que existe al respecto señala que de acuerdo con un estudio de la “Federal Aviation Administration”, la industria espacial mundial ha generado 140,000 millones de dólares y un millón de empleos. Para el caso de China, por ejemplo, por cada dólar invertido en su Agencia Espacial obtienen entre 8 y 14 dólares paraa su economía gracias a la creación de 1,800 tecnologías espaciales. Esto les ha permitido comercializar 1,100 materiales que son utilizados actualmente en la vida cotidiana.
Para el caso de México, la Agencia Espacial Mexicana (AEM) buscará que por cada dólar que se invierta, se recuperen 10, bajo la idea de que México no es tan barato como China pero tampoco tan caro como Estados Unidos (con la NASA).
Octavio Flores, miembro de los ingenieros, hizo una reflexión interesante. ¿Realmente vale la pena invertirle al espacio cuando en la tierra, en el país, tenemos tantos problemas, como 20 millones de pobres?”, pregunta que contestó con la siguiente idea: India lo logró: crear una Agencia Espacial con 450 millones de pobres y con ella ha logrado ser uno de los países con mayor innovación tecnológica.
Yo pienso que es una reflexión interesante, porque para una buena cantidad de mexicanos escépticos, ignorantes o desinteresados, puede tratarse de una idea más, de una buena intención, de un proyecto que se pierda en el espacio mexicano de las ideas y los proyectos como suele suceder con muchas otras tantas iniciativas excepcionales y que sin embargo, pese a su condición, se quedan en el “veremos”.
Para muestra un botón, ¿a quién me refiero con esos mexicanos incrédulos? La AEM consiguió para el 2010 un presupuesto de 10 millones de pesos, que le sirvieron para avalar su creación, pero para el 2011 ¡se fue sin presupuesto!
“No se solicitó, la gente del secretario Juan Molinar Horcasitas no lo hizo porque dijo que no quería tratar nada con los diputados”, explicaron. Eso significa que arrancará oficialmente sus actividades sin recursos. Y agregaron: “El tema nos preocupa, pues para el 2012, como viene la sucesión presidencial, sabemos que muchas cosas serán difícil de resolver”.
Eh ahí el meollo del asunto. Bendita burocracia y política mexicana.
Me quedo con que –creo que es lo que se debe rescatar de todo este asunto– a pesar de la complicada situación que vive el país, más allá de los discursos de que vivimos una recuperación, se debe mantener este tipo de ciudadanos como los ingenieros espaciales que no pierden la esperanza, la fe, que creen en su capacidad y su talento y sobre todo lo llevan a la práctica.
Hay quienes proponen, pero al ver las trabas, el desánimo, la falta de apoyo y de oportunidades, se desaniman y deciden dejar por la paz ideas, propuestas, proyectos, programas, etc. Ellos, se advierte, están decididos a continuar luchando por lo que creen y que además traerá al país en unos años grandes beneficios tecnológicos y económicos.
Nos recuerdan, a su vez, que no todo en México es o debe ser política, gobierno, inseguridad, narcotráfico, futbol, polémica y diatriba; que hay temas importantes que están ahí y que requieren ser tomados en cuenta como una excelente oportunidad de desarrollo, que hay que ampliar la visión y quitarnos la venda que nos limita al momento de apreciar el panorama del presente y del futuro.
Finalmente, la frase “ganas de comerse al mundo”. Cuántos jóvenes universitarios, sean de la universidad que sean, entran a cursar sus estudios de nivel superior y tengo la firme idea de que en el camino, en el tránsito de la misma, una buena cantidad va perdiendo esa emoción, esas ganas, esa chispa por ser, esa idea de “comerse al mundo” y cuando egresan están pensando ya no en innovar, en crear, en revolucionar, en ser lo mejor de los mejores, si no en “un trabajo”, en una chamba, en una plaza, en una recomendación, en palancas, incluso algunos en sobrevivir.
Y son entonces pocos, muy pocos lo que quieren luchar. ¡Caray, qué lástima!

argo_reyes@hotmail.com

1 COMENTARIO