En Cosautlán, la población ha sido engañada y robada una y otra vez por los políticos en turno. Las siglas no importan: han llegado solamente para llenarse los bolsillos. Pero los votantes aprendieron a defenderse. De ser una ciudadanía eminentemente priista, dieron paso a Convergencia por la Democracia, al Partido del Trabajo, al Partido Acción Nacional. Ninguno sirvió. Todos se sirvieron.
Durante la campaña, algunos ingenuos buscaron dialogar con el dirigente estatal de Morena, pero al verlo bajar de una camioneta lujosa y con actitud arrogante, decidieron esperar para ver cómo iba a jugar el partido de su preferencia, para entonces avalarlo o desecharlo.
Alicia Valdivia Vargas, presidenta del Ayuntamiento de Cosautlán de 2018 a 2021 por el PAN, es recordada por el millonario proyecto para traer agua desde Comalixhuatla, Puebla. Sólo se sabe que quedaron algunos tubos enterrados o tirados por las veredas. Con el apoyo de Alicia, se postuló su primo, vía Movimiento Ciudadano, Antonio Valdivia Huerta: un pillo de cuello blanco. Su campaña se basó en la promesa de que, por fin, los ciudadanos tendrían agua. Con drones y videos espectaculares en redes sociales, se promocionó hasta el hartazgo.
Antonio Valdivia Huerta ganó con el apoyo de Luis Ronaldo Zárate, quien colaboró en el ilícito de robarse las urnas, transfiriéndole unos cuantos votos a través de MC. Toño Valdivia se subió al ladrillo. Hoy, la población tiene agua una vez al mes, si tiene suerte, mientras el alcalde se dedica a enriquecerse brutalmente frente a los ojos de todos.
Con esos antecedentes inició la campaña. El partido guinda, por cuestión de género, se inclinó por Teresita de Jesús Ortiz, hermana del actual tesorero Juan Diego Ortiz Gálvan, de quien se dice que pagó dos millones de pesos por la candidatura. Viendo burro el presidente actual, se le antojó el viaje: se trepó a la campaña con una estrategia errónea, basada en el miedo y la amenaza de que, si Morena perdía, no llegarían los apoyos. A eso se sumó la mala fama por desvío de recursos del esposo de la candidata, el exalcalde Rafael Martínez Morales.
La candidata sufrió los reclamos en carne propia durante sus visitas a las congregaciones. Eso bastó para desbarrancar al Movimiento de Regeneración Nacional hasta el tercer lugar.
Quien había pavimentado el camino al palacio municipal de Cosautlán fue el empresario Tomás Huerta Navarro. Incluso recibió un reconocimiento de la presidenta por ser uno de los mejores operadores de la campaña federal, además de varios guiños de la gobernadora. Nada de eso valió: Esteban Ramírez Zepeta, literalmente, lo bateó.
En segundo lugar quedó el candidato del Partido del Trabajo, Antonio Huerta González, a quien en la contienda anterior le robaron urnas y, con ellas, la elección. Ante el temor de otro fraude, los lugareños buscaron una nueva opción.
En la comunidad de Limones surgió de la nada Pablo Martínez Ortiz, agricultor y productor de limón. Como todos los malos gobiernos han venido de la cabecera municipal, Pablo se volvió una esperanza frente a la ineficiencia de los anteriores. Y dio la sorpresa: revivió el PRI. Uno de sus fieles, Joel Federico Rodríguez Hernández —productor de café y miel, y presidente del comité municipal—, tenía la franquicia lista.
Los eternos hambreados, funcionarios municipales de siempre, corren ahora a Limones para mantenerse en la nómina. Ya veremos si la esperanza depositada en Pablo se cristaliza en beneficios para la comunidad.
Por el bien de todos, esperemos que sea un buen gobierno.



