NO CAIGAS EN TUS REDES

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Teresa Carbajal
Debo, no niego; pago, lo justo

Las redes sociales son la gran apuesta de los defraudadores para llevarte a sus redes, y obtener en un principio datos, y después el control de tu dinero.

Esta semana me tocó revisar el caso de una persona que, a pesar de haber “apagado” su tarjeta, vive con el temor de que al encenderla salen ‘como agua’ los fondos de su cuenta.

El problema es que, en esa cuenta, le depositan el dinero de su nómina y pues de ello depende para subsistir y sus gastos diarios de alimentación.

Todo empezó con sus redes sociales; me cuenta que, desde que se retiró de la vida laboral, dejó a un lado todo lo relativo a computadoras y contactos con la tecnología, por salud mental, porque lo usó mucho tiempo, y en síntesis porque ya no lo necesita.

Así, lo único que se salvó de esa depuración fue su Facebook y su WhatsApp, desde donde mantiene contacto con sus amigos, familiares, y con el mundo exterior.

Su vida transcurre en un retiro tranquilo, con buena salud, y sin mayores sobresaltos, pues una vida ordenada le procuró un cómodo retiro.

Todo iba bien en su día a día, hasta que a mediados de julio comenzó a recibir una publicidad de su banco, anunciándole que si participaba podría ganar desde mil pesos, hasta una camioneta de lujo, desde luego último modelo.

Dice que fueron tantas veces las que vio la publicidad y que todas decidió rechazarla, hasta que un día, atraída por la insistencia, pero también por la posibilidad de tentar a la suerte, y qué tal, y estrenaba auto.

Le dio click al anuncio. Este le respondió con un tipo de encuesta en donde le pedían sus datos, su número de cuenta (lo cual vio obvio), pues en efecto la publicidad del banco iba dirigida a sus cuentahabientes, y pensó: ¿cómo me van a identificar si no doy el número de cuenta con la que soy cliente?

Así lo hizo, y no recuerda qué otros datos le pidieron. Lo que sí recuerda es que llegó un momento en que le enviaron un código a su celular, para proporcionarlo y así completar el trámite de inscripción al sorteo.

Me dice que fue justo en ese momento, al ingresar el código, que recordó todas esas advertencias que ella misma les hacía a sus amistades, de los ‘cinco minutos’ en los que los defraudadores nos toman, para hacernos caer en trampas.

Y ahí paró. No obstante, el daño ya estaba hecho, pues había ido tan lejos en la dinámica que los estafadores ya tenían los datos suficientes para tener acceso a su cuenta bancaria, como si fuera ella misma, y desde ahí pudieron hacer operaciones, como dar de alta cuentas de terceros para vaciarle su dinero.

El nombre del banco, si me lo pregunta, no es lo importante. ¿Por qué? Porque esto sucede con todos los bancos. Y porque sucede desde las redes sociales con las que estamos en contacto, así le pasó a ella.

Lo que vino fue una crisis nerviosa y la ansiedad de las noches, pues era sábado y tenía que esperar al lunes para ir al banco a contar los hechos. Recibió al día siguiente, en domingo, un mensaje que terminó de alterarla: le avisaban del retiro de los primeros cinco mil pesos.

Y al otro día, fueron casi treinta mil. Total que, a pesar de haber “apagado” la tarjeta, parecía que alguien había dejado programadas las operaciones, para que tan pronto la activara, salieran los fondos sin control ni freno alguno.

Sus días han transcurrido sin respuestas, con rechazos del banco, y asesorías de banquillo en donde unos le dicen una cosa y otros otra, lo que le ha generado más confusión. Me relata que incluso, ella misma ya perdió el orden de cómo fueron los acontecimientos, y el tiempo en tratar de solucionar, pero sin una vía en específico y menos sin estrategia; por eso es que llega a El Barzón, en busca de ayuda para recuperar su tranquilidad y su dinero.

El caso vuelve a encender las alertas de los casos así. No es que tengamos que alejarnos de nuestras redes sociales, pero sí es verdad que debemos hacernos desconfiados. Si hay alguna promoción que te interese, confirma con el banco antes de caer en una estafa.

Y jamás, jamás, des tus datos a un extraño. Los dispositivos móviles son útiles, pero usarlos conlleva una gran responsabilidad.

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