Hay noches que no hacen ruido, pero se quedan. No por el protocolo ni por los discursos, sino por lo que ocurre entre las miradas, las risas sinceras y los silencios compartidos. Así fue una preposada que, sin proponérselo, terminó convirtiéndose en una despedida simbólica de 2025.



Mientras dentro del Congreso las cifras del Presupuesto 2026 marcaban el rumbo del siguiente año, afuera el tiempo parecía caminar más despacio. Periodistas y fotógrafos llegaron como siempre, puntuales, atentos, cargando historias propias que casi nunca se cuentan. Esta vez no había prisa por registrar declaraciones; había ganas de reencontrarse, de respirar distinto.
La espera se volvió conversación. Surgieron anécdotas de madrugadas largas, coberturas agotadoras, momentos duros que sólo entienden quienes viven el oficio. Hubo risas, sí, pero también esa nostalgia que suele aparecer cuando diciembre recuerda que otro año se va.
La piñata colgada en medio del lugar fue más que un adorno. Fue una invitación a soltar. A romper, aunque fuera simbólicamente, la rutina, el cansancio, las preocupaciones acumuladas. Entre dulces cayendo y aplausos espontáneos, algo se aflojó por dentro.
Cuando llegaron las y los diputados del Partido Verde, encabezados por su coordinador Carlos Marcelo Ruiz Sánchez, el encuentro tomó un tono íntimo, cercano. No hubo distancia ni solemnidad. Sólo palabras sencillas, dichas sin guion, agradeciendo un trabajo que pocas veces se reconoce y que casi siempre se ejerce en silencio.
Se habló de salud, de trabajo, de seguir encontrándose. Nada más, pero nada menos. Porque a estas alturas del año, los grandes discursos sobran y los deseos simples pesan más.
Al despedirse, el frío volvió a sentirse. Diciembre no perdona. Pero quedó la certeza de haber compartido algo genuino. De esos momentos que no generan nota urgente, pero sí memoria.
Y tal vez eso sea lo más valioso: saber que, incluso en medio de la política, la prisa y la noticia diaria, todavía hay espacios donde la humanidad se impone. Donde el año se despide sin estridencias, pero con gratitud.



