Salvador Muñoz
Los Políticos
Miahuatlán tiene algo que no sale en los mapas, pero que se respira apenas uno pisa el Centro de Salud: un aroma muy peculiar… mezcla de alcohol, cloro… y descaro.
Porque una cosa es que falten medicinas. Eso ya es paisaje nacional.
Otra muy distinta es que las medicinas sí estén… pero se muden misteriosamente de domicilio.
Al menos esta es la historia de un documento que me hacen llegar doctores, pasantes, enfermeras de ese centro de Salud…
Al parecer, en Miahuatlán los medicamentos no se pierden… emprenden el viaje espiritual hacia Coacoatzintla, donde casualmente existe un consultorio particular que, según la denuncia, goza de una sorprendente prosperidad farmacéutica. ¡Milagros de la 4T!
Aquí el asunto ya tiene nombre y apellido: Doctor Mario Dirceu Guimaraes Santés Landa, director del Centro de Salud de Miahuatlán.
Y no estamos hablando de un cajón con gasas. Estamos hablando de un director que convirtió el Centro de Salud en algo así como un Costco institucional con membresía personal.
Office, hojas, impresora, instrumental, estetoscopios… si no estaba atornillado, era candidato a “reubicación”. Mientras tanto, el pueblo de Miahuatlán sin sillón dental funcional por más de tres años. Pero eso sí: prioridades claras. Primero la logística del consultorio privado allá en Coacoatzintla, luego vemos lo del pueblo.
¿Y el horario laboral? Para el doctor es una sugerencia poética. Su jornada de 8 am a 4 pm se interpreta más como “llego cuando quiero, me voy cuando me acuerdo, y si no voy, que me firmen”.
Los chats anexos muestran a pasantes convertidos en secretarios, enfermeras convertidas en blanco de gritos, personal de limpieza convertido en cocinero forzado y, de paso, en capturista del SIS (plataforma donde los centros de salud capturan todo lo que hacen: consultas, pacientes atendidos, embarazadas, vacunación, curaciones, programas, estadísticas… básicamente, la vida administrativa de la clínica).
Pero el verdadero talento no está ahí.
El verdadero talento, según la denuncia, está en la operación política de pueblo chico.
Porque no bastaba con ausentarse y llevarse recursos: también había que fabricar enemigos internos. Incitar a la población contra un odontólogo. Manipular firmas. “Alborotar” a la gente con ayuda de la tesorera del programa La Clínica es Nuestra.
O sea, el Centro de Salud no era centro de salud. Era centro de operaciones de un Doctor de película de terror…
Mientras el personal guardaba silencio por miedo a represalias, el director jugaba ajedrez con la comunidad, moviendo peones humanos para ajustar cuentas personales.
Y aquí viene la parte más delicada.
No es sólo el presunto robo. No es sólo el presunto acoso. No es sólo el presunto abandono del trabajo. Es la frase que se repite entre líneas y conversaciones: “Estoy protegido”. ¡Ai le hablan Ramos Alor! ¡Sus recomendados!
Esa frase es la verdadera enfermedad del sistema de salud.
Porque cuando alguien se siente intocable, deja de tener jefe y empieza a tener súbditos.
Lo más brutal no son las acusaciones. Es que están firmadas por médicos, enfermeras, promotores, pasantes… gente que decidió poner su nombre sabiendo que, en este país, denunciar al jefe es casi un acto suicida laboral. Y aquí sólo pusimos una mínima parte del documento a disposición de las autoridades, de los medios, de cualquier representante popular que no le saque… como no le dio miedo al personal del Centro de Salud…
Esto no huele a grilla. Esto huele a hartazgo. Si esto es falso, que se investigue. Si esto es cierto, que se actúe. Pero lo que ya no se puede hacer es fingir que aquí no pasa nada. Porque en Miahuatlán no faltan medicinas.
Falta vergüenza.



