Carlos Miguel Acosta Bravo*
Impronta
México frenó al menos un cargamento de crudo a Cuba por una combinación de presión política de Estados Unidos, temor a represalias en el contexto del TMEC y el cálculo de que el costo económico y diplomático de seguir enviando petróleo supera el beneficio simbólico hacia La Habana.
Bloomberg y Reuters reportan que Pemex retiró de su calendario un cargamento de crudo destinado a Cuba, en medio de “crecientes temores” dentro del gobierno de Sheinbaum a represalias de Washington bajo la presidencia de Donald Trump.
Tras la captura de Nicolás Maduro y el bloqueo de tanqueros venezolanos, Cuba perdió su principal proveedor; al convertirse México en el suministrador clave, pasó a estar en la mira directa de la Casa Blanca.
Trump ha declarado públicamente que “NO HABRÁ MÁS PETRÓLEO NI DINERO PARA CUBA – CERO”, mensaje leído en la región como una advertencia a cualquier país que supla a Venezuela, incluyendo explícitamente a México.
Fuentes citadas por Reuters y medios especializados indican que en la administración mexicana hay preocupación específica por posibles medidas de represalia: aranceles, uso del tema energético en la revisión del TMEC, sanciones financieras o presiones en materia de seguridad (amenaza de acciones unilaterales contra cárteles).
Entre enero y septiembre del año pasado, México envió en promedio 17,200 barriles diarios de crudo y unos 2,000 de refinados a Cuba, volúmenes significativos para una isla con fuerte dependencia de importaciones para generar electricidad, transporte y aviación.
Con los envíos venezolanos prácticamente detenidos y pocos productores dispuestos a exponerse a sanciones de Estados Unidos, la pérdida de crudo mexicano agrava una situación ya marcada por apagones, racionamiento de combustible y crisis económica.
Análisis de riesgo señalan que un corte prolongado de suministros puede profundizar la crisis humanitaria y aumentar la probabilidad de migración masiva desde Cuba, potencialmente hacia México y Estados Unidos, lo que paradójicamente generaría presión adicional sobre el propio gobierno mexicano.
Varios reportes apuntan a que la reducción de combustible ya ha provocado apagones más frecuentes y dificultades para mantener transporte público y servicios básicos, lo que empuja a más personas a considerar la salida del país.
México está intentando, simultáneamente, renegociar o “reabrir” aspectos del TMEC y convencer a Washington de que no hace falta una intervención directa de Estados Unidos contra los cárteles en territorio mexicano.
Mantenerse como principal proveedor de petróleo de Cuba justo cuando Trump endurece su línea hacia La Habana contradecía ese objetivo: ofrecía al gobierno estadounidense un flanco de presión fácil (amenaza arancelaria, investigaciones bajo el TMEC, condicionamiento en temas de energía y cadenas de suministro).
Al frenar embarques, México busca reducir el incentivo para que Washington use Cuba como argumento para castigar a México en la mesa del TMEC, donde ya hay tensiones previas por política energética interna, reglas de origen automotrices y temas laborales.
El costo para México es principalmente reputacional en América Latina (aparece como cediendo a presión de Estados Unidos) y político interno (retrocede en la narrativa de solidaridad incondicional con Cuba), pero evita choques inmediatos que podrían tener impactos económicos grandes en comercio e inversión norteamericana.
Bloomberg accedió a documentos de programación de cargas de Pemex y reportó que el cargamento a Cuba había sido retirado del calendario antes de cualquier anuncio formal de gobierno.
En operaciones petroleras, los cambios en itinerarios de buques, cartas de crédito y nominaciones de carga suelen ser visibles para traders, navieras y analistas de mercado antes de que haya confirmación política; de ahí que una agencia financiera especializada lo detecte primero.
El gobierno mexicano, por su parte, ha optado por una estrategia de ambigüedad: Sheinbaum no ha desmentido la información, pero se limita a decir que, “en su caso, se informará”, sugiriendo que prefiere manejar el tema como decisión “técnica” de Pemex, más que como giro político frente a Cuba y Washington.
En conjunto, puede leerse que México priorizó minimizar riesgos en su relación con Estados Unidos y en la negociación del TMEC, aun a costa de reducir una de las pocas palancas de política exterior que tenía con Cuba y de aceptar, de facto, la línea dura de Washington sobre el flujo de petróleo hacia la isla.
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*Maestro en comunicación por la Universidad Iberoamericana, de la cual formó parte del cuerpo académico de la Licenciatura en comunicación, así como de la Universidad Anáhuac, campús norte de CDMX.



