¿QUÉ TAN DAÑADA DEBE ESTAR TU CABEZA PARA…?

0
11

Julio Vallejo 

La delgada línea entre mi opinión y la tuya.

Una noticia ha cimbrado las mentes de muchas madres que frecuentaban a la maestra de sus niños de preescolar, ya que fue encontrada calcinada, apuñalada, con signos de estrangulamiento y abandonada en la calle. Las autoridades comenzaron a investigar. Nadie creería que los autores del crimen fueran su propia hija y el novio adolescente de dieciséis años. El atroz crimen en Veracruz no es solo una nota roja local, es el reflejo de una crisis silenciosa que estamos viviendo como sociedad en el manejo de la adolescencia y la salud mental.

Una maestra de preescolar debe poseer ciertas características, entre ellas, vocación, empatía, pasión y mucha comunicación, además de inspirar a los niños para que puedan florecer social, emocional e intelectualmente y fomentar su independencia. Ahora bien, esto es si se tratara de sus alumnos; pero como madre —al igual que como maestra— requiere dedicación, aunque el rol cambia significativamente, ya que tiene que preparar a su hija para la vida, para que sea una persona sana emocionalmente.

En diciembre pasado, la maestra celebraba los quince años de su hija única.

Una joven que cumple quince años vive una mezcla de emociones, ilusiones y el cambio de niña a mujer. Al ver el gasto y sacrificio de sus padres, lo natural es que valore la alegría de su fiesta y, mucho más, a su familia. Además, en esta etapa, empieza a experimentar la necesidad de independencia, la presión social, así como la búsqueda de su identidad.

Lamentablemente, hace un año también un joven asesinó a su madre a puñaladas. Hechos que nos invitan a reflexionar que algo grave está pasando con los jóvenes para llegar a ser parricidas o que tan dañada debe de estar su cabeza para llegar hacerle daño a quien les dio la vida. No solo las drogas los están destruyendo; también es la falta de diálogo, de empatía y, principalmente, de ser escuchados. Especialistas en salud mental y criminología identifican varios factores de riesgo y posibles causas generales para actos de tal violencia: por ejemplo, trastornos mentales graves, abuso de sustancias, acumulación de odio y resentimiento crónico, y la psicopatía.

La “Línea de la Vida” y los programas gubernamentales son un primer paso, pero la solución real requiere que cada hogar se convierta en un espacio de diálogo abierto y sin juicio, donde la empatía no sea solo una característica de maestra, sino un valor familiar fundamental.

Paradójicamente, la maestra que dedicó su vida a fomentar la empatía y la independencia en decenas de niños, no encontró la manera de conectar con su propia hija. Un recordatorio brutal, de que la educación más importante empieza en casa. Es urgente que pasemos de la conmoción a la acción: educar en salud mental y escuchar a nuestros jóvenes antes de que la falta de diálogo transforme el resentimiento en tragedia.