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EL FRACASO QUE EXHIBE A SEFIPLAN Y SALPICA A NAHLE

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NdelaR

El canje de placas en Veracruz se ha convertido en un auténtico calvario para miles de ciudadanos.

Lo que debió ser un trámite administrativo ordenado y eficiente terminó siendo una prueba de resistencia física, paciencia y dignidad humana, evidenciando una vez más la incapacidad operativa de la Secretaría de Finanzas y Planeación del estado (SEFIPLAN).

Las imágenes son contundentes y no admiten interpretación: personas que llegaron desde la noche y madrugada, contribuyentes que pernoctaron a la intemperie soportando temperaturas gélidas, filas interminables y rostros de cansancio absoluto.

Todo, con la esperanza de alcanzar una ficha para ser atendidos.

El Estado falló, y falló de manera estrepitosa.

El sistema colapsó desde los primeros días.

Plataformas inservibles, turnos limitados, módulos rebasados y personal sin capacidad de respuesta.

Pero más grave aún que las fallas técnicas ha sido el trato inhumano hacia los ciudadanos.

Gritos, regaños, amenazas veladas y actitudes prepotentes se han vuelto parte del paisaje cotidiano en los módulos de canje.

En SEFIPLAN no solo no dan una, sino que parecen empeñados en empeorar cada error.

BERENICE GUILLÉN MELCHE, EL ROSTRO DEL DESORDEN Y EL MALTRATO

Uno de los nombres que más se repite entre quejas, testimonios y señalamientos es el de Berenice Guillén Melche, funcionaria que lejos de corregir el rumbo, ha profundizado el caos.

Su forma de operar no responde a criterios técnicos ni administrativos, sino a la improvisación, el autoritarismo y el abuso.

No es llegando gritando, regañando, amedrentando y haciendo lo que se le venga en gana como se administra una dependencia pública. Existen procesos y procedimientos previamente establecidos que funcionan, y alterarlos sin conocimiento ni planeación debilita el andamiaje institucional.

Berenice Guillén Melche repite el mismo patrón en cada área que pisa: desorden, confrontación y maltrato.

Contribuyentes que llegaron desde la madrugada denuncian la cara, el desprecio y el trato indigno con el que son recibidos, como si cumplir con una obligación fiscal fuera un favor que deben agradecer.

Lo más grave es que la funcionaria se jacta de ser intocable, presume su cercanía y amistad con la gobernadora Rocío Nahle y actúa bajo la lógica de que nadie puede tocarla.

Esa soberbia es hoy uno de los principales lastres del programa.

AMISTADES QUE CUESTAN CARO

La gobernadora Rocío Nahle enfrenta aquí un problema que ella misma debe evaluar con frialdad: las amistades mal colocadas en puestos clave están llevando al fracaso programas enteros y dañando directamente su imagen pública.

El antecedente es claro. Lo ocurrido en Poza Rica tras las inundaciones, al mantener a su amiga, la antropóloga al frente de Protección Civil, no fue una decisión técnica ni inteligente, sino un berrinche político que terminó exhibiendo incapacidad y desorden.

Hoy, el canje de placas repite la misma historia.

Mientras SEFIPLAN se hunde en la improvisación, los ciudadanos pagan el precio. El canje de autos 2026 en Veracruz ya es visto como un fracaso administrativo, un ejemplo de cómo no se debe gobernar ni gestionar lo público.

UNA MALA IMAGEN QUE CRECE

Las fallas son demasiado evidentes para seguir ignorándolas. Este desastre no solo afecta a SEFIPLAN, afecta directamente a la gobernadora.

Cada fila interminable, cada sistema caído y cada ciudadano humillado erosionan la credibilidad de su administración.

Mantener a personajes como Berenice Guillén Melche no es un acto de lealtad, es un error político. Y los errores, cuando se repiten, dejan de ser errores para convertirse en decisiones.

Porque al final, «la culpa no es del indio, sino de quien lo hace compadre», alguien debería decirle claramente que ya no le ayude a la Tía Nahle.

Mucho ayudaría que la regresen de donde la sacaron, o que le den su beca del Bienestar, pero que deje de estorbar.

Porque en el servicio público, como en la vida, mucho ayuda el que no estorba.