Uriel Flores Aguayo

No se debe posponer la caracterización actual, ni su revisión, de Morena. Es el partido en el poder y además hegemónico. Alguien lo tiene que hacer; lo mejor sería que cualquier análisis y autocrítica surgiera de su seno. Es prescindible el cuestionamiento de otros partidos pues esencialmente serán de críticas destructivas, aunque se entiende. Podrían ser más atendibles por ellos las observaciones de académicos, periodistas y de la sociedad civil. Hace falta luz sobre lo que es y puede seguir siendo Morena. De entrada no deben eludir responsabilidades, ya no son oposición. Tienen un déficit importante de autocrítica y elaboración teórica. Se han estacionado en una especie de auto complacencia y cierto decálogo de consignas. Son, lo quieran o no, una nueva clase política con todo lo que eso significa. Habría que observar si están renovando a la política y purificando la vida pública del país como lo prometieron. Me temo que les falta mucho si es que están caminando en ese sentido. Morena tiene mucho poder y lo ejerce con una variedad, a veces abstracta, de actores políticos: de origen y con trayectoria, ex miembros de otros partidos y neo morenistas. Muchos vienen de una larga marcha, otros acaban de llegar atraídos por el rápido acceso al poder. Es complejo armonizar visiones, prácticas e intensiones. Sin contenciones sólidas la inercia del sistema los arrolla. Tienen un gran reto en gobernar con responsabilidad y eficacia, a la vez que mostrar otro rostro político, en el sentido de ser diferentes y mejores. Sin reglas claras y contrapesos corren un enorme riesgo de repetir la película ya vista de los partidos que surgieron de la revolución mexicana: la del desgaste severo, la ilegitimidad y alejamiento del México real.
No es mucho pedir que Morena haga análisis, elaboración intelectual y suba el nivel de su debate. Es evidente su desapego con la cultura en general y cultura política en particular. No debe rehuir su actividad plena en ese campo. Debe, también, impulsar a sus mejores cuadros, los más preparados, para ocupar cargos de gobierno y de representación. Tiene que formarlos. Todo eso es necesario e ineludible para una fuerza política que es hegemónica. No tiene permitido menos que eso. Su responsabilidad es mayúscula. Lo dicho aquí es fundamentalmente constructivo y de buena fe; es una llamada de atención. El ejercicio del poder suele traer sorpresas y excesos: los comportamientos de nuevos ricos y los desplantes soberbios. Algo de eso se mira en todos los niveles en que gobierna Morena . Mientras no lo asuman con seriedad irá creciendo en tendencia negativa y no importarán los llamados que hagan desde las más altas esferas pues no hay consecuencias. De ahí sigue la impunidad y la repetición, hasta volverse sistema, de conductas nocivas. Si no son buen ejemplo y muestran otro rostro de la política, terminarán siendo más de lo mismo. Por supuesto que en el océano que es Morena hay figuras absolutamente confiables y representativas de otras formas de hacer política. Cuentan con gente preparada y claramente de ideas, con visión de un proyecto transformador, pero con el riesgo de ser succionados por la avalancha del oportunismo y los intereses creados. Morena tiene que abrirse paso como un verdadero partido, con vida orgánica, acuerdos colectivos y debate interno. Sin eso quedará en un membrete de cascarón, en una agencia de colocaciones y en el brazo electoral del Gobierno. Esto último le pasó al PRI y vean la trágica manera en que está terminado. Están a tiempo de evitarlo si hay mínimos de visión y una permanente y alentada actitud auto crítica. Es ahora. Para eso requieren idea de Estado, saber competir, gobernar bien, respeto irrestricto a las libertades y apuesta por el desarrollo nacional.
Recadito: a las nuevas tarifas habría que agregar nuevos autobuses.