Salvador Muñoz
Los Políticos
El argumento que dieron dos presidentes municipales para justificar su salto a Morena, más que ayudar al partido en el poder, termina dejándolo bastante mal parado.
Primero está Ranferi Plata Rodríguez, alcalde de Jesús Carranza, quien llegó al cargo postulado por el PAN y explicó su chaqueteo con esta perla argumentativa:
“Todo mi Cabildo me respalda. Tuve una reunión con ellos para informarles de las actividades que estamos realizando para generar esta comunión con el gobierno del estado y la federación. Tenemos la necesidad de trabajar con ellos”.
Traducido al castellano político: si no nos alineamos con Morena, no nos cae ni una obra pública.
En el caso de Chucho Uribe, presidente municipal de Las Choapas, su conversión guinda la resume así:
“Es por el bien de nuestro pueblo… nosotros no salimos mal con MC (partido que lo postuló), siempre estuvimos tocando las puertas de Morena y hasta ahorita que nos invitan”.
Es decir: tocamos la puerta, insistimos… y cuando por fin se abrió, entramos con todo y maletas.
Entre estos dos chaqueteros municipales hay dos coincidencias notables:
1 Usan al pueblo como coartada moral.
2 Su relación con Morena siempre fue aspiracional.
Ranferi primero quiso ser candidato de Morena… pero lo batearon, así que terminó en el PAN.
Chucho, por su parte, dice que tocó la puerta morenista durante años… hasta que finalmente alguien decidió abrirle.
Hasta ahí, digamos que es la clásica gimnasia política del chapulineo mexicano. Nada nuevo bajo el sol.
El problema es otro.
Con su propio argumento terminan exhibiendo a Morena.
Porque lo que en realidad están diciendo es que si un municipio no está gobernado por Morena, no tendrá coordinación ni beneficios de los gobiernos estatal y federal.
Traducido: hay veracruzanos de primera y veracruzanos de luneta, según ellos…
Los de primera son los gobernados por Morena.
Los de luneta, los que cometieron el pecado electoral de votar por la oposición.
Se entiende que Morena, después de los resultados de las pasadas elecciones del 2025, esté intentando aplicar la vieja Ley Jalisco, aquella máxima que decía:
“Jalisco nunca pierde… y si pierde, arrebata”.
Quizás por eso Elena Córdova Molina habla de presiones –“hasta del Congreso”, dice– para que ediles naranjas se tiñan de guinda.
Si eso es cierto, entonces también habría que reconocer el mérito de los alcaldes que no han doblado las manos ante el embate del sistema en el poder que, según las propias palabras de Ranferi y Chucho, sólo ve por los morenos y no por todos los veracruzanos.
Aunque también cabe otra posibilidad.
Que todo esto sea un pinche cuento mal contado de esos chaqueteros para justificar lo que en realidad es más simple: falta de compromiso con el partido que los postuló, con la gente que votó por ellos… y con ellos mismos.
Un ejemplo de que ese argumento hace agua por todos lados es la reunión que sostuvo la gobernadora Rocío Nahle con las alcaldesas de Veracruz y Boca del Río, en busca de una solución conjunta al problema del agua.
Ahí la mandataria actuó como lo que es: gobernadora de todos, y no como la quieren vender Ranferi y Chucho…
Pero Ranferi y Chucho, con tal de justificar su salto, venden su chapulineo como si fuera sacrificio patriótico.
Ahora bien…
Si Esteban Ramírez Zepeta presume haber convencido a siete, diez o quién sabe cuántos alcaldes de oposición –y hasta a un independiente, el de Zaragoza, creo–, quizá valga la pena abrir otra categoría en la fauna política: si hay “candidatos de dudosa procedencia”, como el mismo Polo Deschamps… afirma… también podría empezar a hablarse de presidentes municipales “de dudosa solvencia moral”.



