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EL PROFE ESTEBAN 

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Miguel Ángel Rueda-Ruiz

Filias y Fobias… del Poder

En tiempos de crisis, la política suele mostrar su mejor —y su peor— rostro. La reciente contingencia por la mancha de hidrocarburo en las costas veracruzanas no ha sido la excepción. 

Mientras el impacto ambiental y económico preocupa legítimamente a miles de familias, también ha abierto espacio a discursos que, más que informar, buscan capitalizar el desconcierto.

Desde la tribuna del Congreso local, el líder de la Junta de Coordinación Política, Esteban Bautista Hernández, fijó una postura que, guste o no, apuesta por la contención antes que por la estridencia. 

Su mensaje es claro. Evitar que el tema derive en un espectáculo político que fracture más de lo que aporte. En un contexto donde la inmediatez mediática suele privilegiar el escándalo, el llamado a la prudencia no es menor.

Sin embargo, la prudencia no debe confundirse con silencio ni con complacencia. La ciudadanía espera respuestas, pero sobre todo resultados. 

En ese sentido, el legislador sureño enfatiza la coordinación entre el gobierno estatal y la Federación como eje para atender la contingencia. 

La narrativa oficial apunta a un manejo técnico, basado en investigaciones especializadas y acciones concretas como censos para afectados y labores de limpieza.

La mención de que “ningún veracruzano es culpable” intenta desactivar la tentación de señalar sin pruebas. No obstante, también abre una interrogante inevitable, si no hay responsables locales, ¿dónde se originó el problema y quién responderá por los daños?.

Esa es la pregunta que, tarde o temprano, deberá responderse con la misma claridad que hoy se invoca.

En el terreno social, el discurso encuentra su punto más sólido al reconocer la afectación directa a pescadores y prestadores de servicios. 

Ahí no hay margen para la retórica. La economía de muchas familias depende de soluciones rápidas y efectivas. La promesa de promoción turística y apoyos emergentes será puesta a prueba en el corto plazo.

Las filias, en este caso, se inclinan hacia la institucionalidad, la coordinación y el llamado a la unidad. Las fobias, en cambio, apuntan al oportunismo político, a la desinformación y al uso de la crisis como herramienta de confrontación.

Pero entre filias y fobias hay una realidad que no admite matices. El mar contaminado, las playas afectadas y la incertidumbre de quienes viven de ellas. Ahí es donde el discurso debe aterrizar en hechos medibles, visibles y sostenibles.

Porque si algo necesita Veracruz en este momento no es solo unidad en el discurso, sino eficacia en la acción. 

Y esa, como siempre, será la verdadera prueba de cualquier posicionamiento político.