José Luis Enríquez Ambell
Café de Mañana
Los sociólogos y psicólogos opinan que las acciones y los sucesos en el entorno a la Copa del Mundo de Fútbol próxima a disputarse en México – como subsede con Estados Unidos y Canadá – requieren estudiarse, pues a diferencia de ocasiones anteriores (1970 y 1986), debe reconocerse que el fútbol en la actualidad se encuentra cruzando por una constante tensión entre su origen y naturaleza, y un mercantilismo complejo.
Y es que el fútbol soccer como industria deportiva nació en un universo masivo poblacional – popularmente accesible – y que ha sido encaminado a resultar un producto elitista – comercial y exclusivo – como fenómeno impulsado por la actual globalización e industria del entretenimiento, con una selección de México, NO precisamente con una alta calificación en ese directorio mundial, pues es sin duda el espectáculo número UNO en el globo terráqueo.
El fútbol es un fenómeno muy popular y masivo, un deporte de las mayorías y reconocido mundialmente como el «deporte rey», y que genera pasión inmensurable y une a diversos grupos sociales, convirtiéndose en un tema de conversación común, incluso en momentos de guerra entre naciones participantes.
El reciente comportamiento de un sector de «aficionados» en el juego inaugural del Estadio Azteca (Banorte para efectos de la Copa del Mundo en el encuentro México contra Portugal, presagia una accesibilidad que ojalá no cause sobresaltos el 11 de junio venidero.
Históricamente considerado el fútbol ; «deporte de los pobres» a partir que se puede jugar con cualquier cosa y en cualquier lugar, pero con una identidad colectiva como elemento de cohesión social, identidad nacional y cultura popular, y que conlleva a la resistencia entre el fútbol modesto, de barrio, que funciona como pacto de supervivencia, dónde se concentra la unión de las personas frente a una «comercialización excesiva» y quizá hasta engañada por una industria politizada, pues «el fútbol ha sido convertido en un Producto Elitista», y dónde los aficionados compran todo lo que ofertan a cambio de muy escaso espectáculo.
Ese modelo de negocio es tan mediático sobre todo a través de la TV y Plataformas, bajo «modelos oligopólicos», y que convierte así al fútbol en un producto de alto consumo comercial, sin que garantice calidad.
Los modelos oligopólicos – son estructuras de mercado que son dominadas por empresas, no muchas, interdependientes, y donde las decisiones de producción y el precio de una firma significativamente llevan a maximizar los beneficios en entornos de una alta barrera de entrada.
Dicho de otra manera, clubes y empresas, algunos equipos y selección nacional – es el caso México – funcionan como marcas valoradas en miles de millones de dólares, incluso con dueños que a menudo son grandes empresarios o figuras del poder económico y político.
Así pues, los fichajes y estadios de fútbol modernos, parecen centros comerciales, a veces desplazando al aficionado tradicional, pero consumidor, de ahí, el costo de las entradas, los abonos y las suscripciones televisivas limitan el acceso a lo masivo, convirtiendo el asistir a un partido de élite en una actividad de alto costo.
Así pues, se mezclan la dualidad e impacto social, el poder y la política, y desde ahí el fútbol se convierte en un instrumento utilizado para influir en las masas, y reflejando las tensiones geopolíticas y económicas, pero que pueden llevar a varios tipos de agresiones y alterar las conductas de aficionados que no saben o conocen de fútbol, y dónde la pasión se vuelve violencia.
El potencial solidario entorno al fútbol como deporte en el mundo del espectáculo, de no controlarse desde la logística que ahora implementan los jugadores de pantalón largo (directivos en su conjunto), pueden llevar a la violencia que desnaturaliza a este fenómeno, con expresiones de «culero», «puto», entre otras.
Dicho de alguna otra forma, la identidad local vs., la global, puede caminar a la existencia de un posible conflicto y la irrupción a lo que genera resistencia en la cultura futbolística tradicional, y dónde no hay agresiones ni de palabra o acción social.
En resumen, el fútbol hoy en día es una goligarquía (la unión de unos pocos) que gestiona una pasión de millones de personas, e intentando mantener un equilibrio precario entre el alto rendimiento en lo comercial y con la esencia comunitaria que lo popularizó.
DE SOBREMESA
En 2012 el entonces Presidente de Uruguay, Don Pepe Mujica, dijo; ¿ Estamos gobernando la globalización o la globalización nos gobierna a nosotros ? … Es necesario revisar nuestra forma de vivir. «El desarrollo tiene que ser a favor de la felicidad humana, porque es nuestro tesoro más importante».
Y el exfutbolista argentino y campeón del mundo en México 1986 Jorge Valdano, puntualizó en uno de sus libros; «El fútbol es una escuela de vida».
UN CAFÉ LECHERO LIGHT
Nuestra máxima figura en el fútbol Hugo Sánchez, califica como una «maravilla» y un privilegio que México organice la Copa del Mundo 2026, y asi albergar tres mundiales así como, con 13 encuentros igual que Canadá y 78 partidos en los Estados Unidos, y que sostendrán 48 equipos de un total de 104 juegos en las tres naciones.
Aunque nuestro «Pichichi» y «Macho» como lo bautizaron a Hugol en España desde los 80’s y quién asegura que ante la falta de figuras individuales en la Selección Mexicana, confía en el trabajo de conjunto y el proceso de Javier Aguirre y Rafael Márquez para lograr cosas importantes en la 23a., edición mundialista, opinión que alienta a la mayor armonía y seguridad posibles en esta justa deportiva.
¡ES CUANTO!
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