CERRAZÓN AUTORITARIA

0
2

Ana Rosa Valdés Salazar

En mi Opinión 

​El régimen morenista se muestra cada vez más intolerante al debate y a la crítica. Lo ocurrido en el Congreso de Veracruz durante la apertura del segundo período de sesiones ordinarias del segundo año de ejercicio constitucional, cuando se discutía la opacidad y la falta de respuesta del gobierno estatal frente a los derrames de hidrocarburo en el Golfo de México y la mayoría de la bancada de Morena se retiró para romper el quorum, es ya una práctica que se repite cuando los cuestionamientos de la oposición incomodan al partido en el poder.

​No es la primera vez, en efecto, que la bancada mayoritaria recurre a la evasión para evitar el dar explicaciones, porque no las tienen; ahora rehuyeron el debate porque saben que la oposición expondría información que el gobierno ha ocultado y exigiría respuestas y la comparecencia de funcionarios, cuyas atribuciones los hacen responsables de acciones para enfrentar el desastre ecológico que afecta a miles de familias que viven de la pesca y de la prestación de servicios turísticos, concretamente la Secretaria de Medio Ambiente del Estado y el Procurador Estatal de Protección al Medio Ambiente.

​Previamente a su nada graciosa huida, acuerparon en la tribuna a su coordinador, quien dio lectura a un documento plagado de mentiras en el que se negó que hubiera daños al medio ambiente por los derrames ocurridos entre febrero y marzo últimos y personas afectadas por éstos, a la vez que se acusó a administraciones del pasado de múltiples desastres supuestamente ocasionados por la explotación petrolera, sin precisar las fuentes de esa información que a la mayoría de quienes estábamos en el recinto nos pareció falsa.

Pero bien dicen que cae más pronto un hablador que un cojo: ese mismo miércoles primero de abril el gobierno federal anunció apoyos de 15 mil pesos para más de 3 mil 600 pescadores afectados por esos derrames. ¿Qué dirán ahora los diputados prófugos del debate, cómo es posible que se otorguen apoyos por un derrame inexistente y a personas que no se han visto afectadas según ellos?

​Universalmente se reconoce que toda asamblea depositaria del Poder Legislativo puede ser llamada parlamento, pues en ella se delibera, se entablan “conversaciones con la parte contraria para intentar ajustar la paz, una rendición, un contrato o para zanjar cualquier diferencia”, como dice el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española que significa parlamentar.

​El Congreso del Estado de Veracruz es la Representación Popular, quienes lo integramos nos expresamos desde la más alta tribuna del Estado, y lo hacemos con mucho orgullo porque representamos a todos los veracruzanos, sin distingos partidistas, porque entendemos que superada la etapa electoral nos une un interés superior, que es el bien del Estado y hacia ese objetivo debemos orientar nuestros esfuerzos.

​No compartimos, no podemos compartir, una visión parcial, que antepone intereses partidistas o de grupos a los de la colectividad a la que nos debemos y a la que tenemos que servir.

​Hablando se entiende la gente, dice la sabiduría popular, y la representación que nos han confiado los veracruzanos nos obliga a parlamentar para zanjar cualquier diferencia, por muy incómodo que resulte el motivo del debate. Los problemas deben enfrentarse, no postergarse, y mucho menos deben cerrarse los ojos ante la realidad porque ésta no tardará en golpearnos, como ya lo está haciendo el desastre ecológico, la tragedia de los derrames de hidrocarburo en el Golfo de México.

​De nada sirve negar, minimizar ni culpar a otros, cuando las evidencias muestran negligencia, ineptitud y finalmente corrupción. Esa actitud impidió la alerta temprana y el apoyo oportuno a quienes hoy resultan los mayores afectados y que requerirán más auxilios en los meses por venir.

​No es creíble que a estas alturas se desconozca el verdadero origen, la causa real de los derrames, pero sigue reinando la opacidad y no sabemos a quién o a quiénes se encubre.

​La cerrazón autoritaria se impone como en el caso de las personas desaparecidas que nos lleva a un desencuentro con la ONU, por no reconocer que no podemos con el paquete. Lo mismo está sucediendo con el desastre del hidrocarburo: nos ha rebasado y no se quiere aceptar, ni siquiera hablar de ello, cuando la prudencia aconseja escuchar todas las voces, todas las opiniones, todos los puntos de vista, porque es un problema que a todos afecta y que no se resolverá en breve plazo.

​Los diputados tenemos el derecho y la obligación de abordar el tema en la asamblea, su gravedad exige que se analicen las acciones a tomar y para ello deben dar la cara las autoridades competentes. No es por incomodar al régimen, se trata de un asunto vital para los afectados y sobre todo para las futuras generaciones.

​Estamos frente a un problema de gran magnitud, indudablemente, y más nos vale que lo afrontemos sin dilaciones.