LOS 100 DÍAS DE CIRILO

0
10


Miguel Ángel Rueda-Ruíz

Filias y fobias… del Poder

Arrancar no es gobernar. Y en política, los primeros cien días no son una fiesta de calendario. Son un termómetro de fondo. En Cosoleacaque, bajo la conducción de Cirilo Vázquez Parissi, lo que vemos hasta ahora no es improvisación. Tampoco es claridad de ruta.
Es continuidad. Y la continuidad, cuando no se reinventa, se vuelve inercia.
Nadie puede regatearle al alcalde presencia. Hay calle, hay colonias, hay eventos. La gira de Reyes, los festivales comunitarios, los recorridos con cariñosa recepción. La narrativa es clara, el gobierno está cerca, las familias le tienen cariño. Hay respeto y empatía.
Pero estar cerca no es lo mismo que estar resolviendo.
Porque mientras se multiplican las postales —niñas y niños con juguetes, escenarios llenos, mujeres abrazándolo, discursos de ánimo—, la pregunta incómoda sigue sin respuesta.
¿Dónde está el golpe de timón estructural?
Los anuncios existen. Atención a la salud, más pavimentaciones, ampliación de vialidades, programas sociales. Todo correcto. Todo necesario.
Pero también todo previsible.
No hay, hasta ahora, una acción insignia que redefina el tercer periodo de Cirilo Vázquez como alcalde. No se ha difundido algún proyecto de gran escala, ni una apuesta urbana o rural de largo aliento, ni una política pública que rompa la lógica asistencial.
Hay gobierno.
Pero todavía no hay visión de gobierno.
No es menor la circunstancia de Cirilo Vázquez. No es un debut. Es una tercera oportunidad. El mismo puso la vara alta. Y eso pesa.
Porque cuando un liderazgo ya conoce el sistema, ya domina el territorio y ya tiene estructura, lo mínimo exigible no es repetir la fórmula, sino superarla.
El riesgo es claro. Gobernar desde la comodidad de lo que ya funciona.
El problema es que lo que “funciona” no siempre es lo que transciende. Hoy en este 2026-2029 lo que se espera es la mejor administración de Veracruz y de México. Ese es la expectativa. Real y muy posible.
Hay un punto a favor. La apuesta cultural. Intercambios, identidad, vínculos internacionales. No es menor en una región donde la política suele reducirse a concreto y clientela.
Pero la cultura no puede ser ornamento de gobierno.
Tiene que ser política pública articulada.
De lo contrario, se queda en postal. Bonita, sí, pero insuficiente.
El estilo es claro. Operación eficiente, agenda activa, control político. Bastión partidista ante una inminente contienda electoral. Un gobierno que funciona como maquinaria bien aceitada.
Pero gobernar no es gerenciar.
Un municipio no es una empresa.
Y un alcalde no es propietario de resultados. Es administrador de expectativas sociales.
Ahí es donde se marca la diferencia entre el que administra el día a día. Y el que deja huella. Como ya la va labrando el experimentado alcalde.
Los primeros cien días no definen todo, pero sí marcan el tono. Y en Cosoleacaque, el tono hasta ahora es de orden, presencia y continuidad.
Lo que falta es profundidad.
Porque la política de eventos tiene fecha de caducidad.
La obra menor no construye legado.
Y la cercanía sin resultados termina siendo sólo eso: cercanía.
En Cosoleacaque hay gobierno. Eso es evidente.
Lo que está por definirse y difundirse es el camino a la trascendencia.
Porque al final, el poder no se mide por cuántas veces se aparece.
Sino por lo que realmente cambia cuando está.