100-1 DE NACHO

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Salvador Muñoz
Los Políticos
Dicen que en política los aplausos son contra alguien. Con las ausencias pasa algo parecido: también hablan, también pesan y a veces gritan más que el orador. Y si no, que le pregunten a Nacho Luna, quien el pasado domingo armó su corte de caja por los 100 días de gobierno en la explanada frente al Palacio Municipal del Pueblo Mágico de Coatepec… aunque por momentos aquello pareció más un examen de lealtades que un informe de resultados.
El evento estaba anunciado para las 5 de la tarde. Y tan en serio se lo tomaron algunos, que Ernesto Pérez Astorga llegó con puntualidad inglesa, acompañado del 90 por ciento de la burocracia municipal, movilizada para hacer bulto, porra y ambiente, además de uno que otro invitado con cara de “a ver a qué hora arranca esto”… sólo para descubrir que el acto no comenzaría sino hasta las 8 de la noche.
Tres horas de espera no son poca cosa. Pero es que el Presidente Municipal no podía arrancar sin su invitado principal. Uno pensaría que se trataba de la Gobernadora. O de Ahued. O de algún personaje de ésos que obligan a enderezar la espalda. Pero no. El personaje clave, el imprescindible, el que no podía faltar para que el reloj caminara, era Esteban Ramírez Zepeta, dirigente de Morena, quien según juran algunos de los que se le acercaron a saludar, traía más que aroma de café coatepecano, un tufillo que remitía más bien a Xico… concretamente al Torito de cacahuate.
Y si las presencias dicen mucho, las ausencias no se quedaron calladas. Por ejemplo, no aparecieron Adrián González Naveda ni Ramón Díaz Ávila, diputados federal y local del PT, representantes de ese distrito y, en teoría, aliados del movimiento. Su ausencia brincó porque apenas hace unos meses Ramón Díaz se andaba placeando como Coordinador de los Foros del Café en los municipios de su distrito… y aun así, al foro principal en Coatepec, simplemente no llegó. O no lo llegaron.
Lo de Moncho llama todavía más la atención porque, hace no tanto, todo parecía encaminado a que él y Nacho hicieran el uno-dos rumbo a la diputación local. Claro, hasta que Nacho mandó decir que sí aceptaba la fórmula… pero sólo si él iba de propietario y el petista de suplente. Y como era de esperarse, lo mandaron por un tubo. Capaz que desde entonces no sólo se enfrió el café, sino también la cortesía de la invitación.
Quien sí apareció fue el diputado plurinominal Marcelo Ruiz Sánchez, aunque nadie terminó de entender bien bajo qué figura metafísica se presentó:
1 Si fue invitado por Nacho Luna;
2 Si acudió en representación del Jucopo;
3 O si, fiel a la vieja escuela de la grilla tropical, se invitó solo.
Lo cierto es que el legislador verde no desaprovechó su tiempo y se puso a grabar videos para redes, muy aplicado él, aunque entre varios coatepecanos la duda era más terrenal que política: “¿Y ese Tulipán quién es?” Y es que con eso de que en los corrillos se dice que el Jucopo ya le dio luz verde para empezar a asomarse por el distrito de Coatepec. Aunque unos dicen que fue plan con maña del Profe:
1 Es para que descanse un rato de su muy agobiante presencia.
2 Es para que vaya barbechando su candidatura para la curul federal…
3 O ambas. Dos tucanes de un tiro.
Mientras tanto, entre los grillos de Coatepec la versión es que el corte de caja de Nacho fue eso: de caja. De cajita. De tapa y moño. Por encimita. Porque los asuntos que realmente le quitan el sueño al pueblo –inseguridad, basura, medio ambiente, entre otros nada menores– siguen esperando algo más que buenas intenciones, temple de voz y templetes domingueros. Dicen que el munícipe anda en otra frecuencia. En otro proyecto. En otro escalón.
Los mismos coatepecanos insisten en una versión que ya empieza a caminar con bastón propio: que existe un pacto entre Nacho Luna y Rigoberto Amezcua Mora (el del agua) para que el próximo año el alcalde pida licencia y se vaya en busca de la diputación local, con el noble pretexto de respaldar a la Gobernadora desde una curul. O sea: Coatepec como trampolín, no como destino.
A lo mejor por eso, sólo por eso, a Nacho no le importó tener a un secretario de despacho esperando tres horas mientras llegaba el verdadero invitado de honor… no el institucional, sino el útil; no el protocolario, sino el que presuntamente puede bendecir candidaturas: Esteban Ramírez Zepeta, que esa tarde-noche, cuentan, traía más esencia de Torito que perfume de café.
PD:
El verdadero corte de caja quizá no estuvo en el templete sino ayer: la baja de Kike Huesca de Catastro municipal, una de las pocas herencias que Raymundo Andrade le dejó a Nacho Luna… aunque siendo francos, más de uno diría que ese encargo venía con la sombra de Bola 8 detrás del escritorio. Y es que si la instrucción de la Gobernadora es aclarar lo negro del negro, en Coatepec todavía hay bastante hollín por tallar. Sobre todo en todo lo que huele a Libramiento, compra de terrenos y fraccionamiento al mayoreo. Pero ésa… ésa todavía no entra en los primeros cien días. En una de ésas entra en los siguientes cien… si es que Nacho todavía anda por ahí.