SER NIÑO CON DISCAPACIDAD

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María Luisa Bandala Pantoja
Voz sin Barreras

Cada 30 de abril celebramos el Día del Niño con festivales, dulces y sonrisas. Pero hay una pregunta incómoda que pocas veces se pone sobre la mesa: ¿qué significa realmente ser un niño o niña con discapacidad en México y, particularmente, en Veracruz?

Ser niño debería ser sinónimo de juego, aprendizaje y libertad, sin embargo, para miles de niñas y niños con discapacidad la infancia también implica enfrentar barreras, exclusión y, en muchos casos, una lucha constante que comienza desde muy temprano.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en México alrededor de 9.5 millones de personas viven con discapacidad lo que representa más del 7% de la población, de ellas, un porcentaje menor corresponde a niñas, niños y adolescentes, quienes enfrentan mayores barreras desde el inicio de la vida.

En Veracruz más de 468 mil personas viven con discapacidad, incluyendo cerca de 45 mil niñas y niños, lo que evidencia que la inclusión no es un tema menor, sino una realidad que atraviesa la infancia de miles de familias.

No hablamos de cifras pequeñas, hablamos de infancias que todos los días enfrentan un sistema que no está hecho para ellas. Cuando la infancia no es jugar para muchos niños con discapacidad física o motriz, la infancia no se parece a la que imaginamos.

Mientras otros juegan, ellos están en terapias. Mientras otros corren, ellos están en rehabilitación. Mientras otros van a fiestas, ellos están en hospitales o enfrentando cirugías.

Son infancias marcadas por citas médicas, tratamientos y dolor físico, pero también por una enorme fortaleza emocional que pocas veces se reconoce y aun así, siguen siendo niños.

También quieren jugar, aprender, tener amigos, sentirse parte.

El bullying que no siempre se ve

Uno de los temas más delicados es el acoso escolar. Para un niño con discapacidad, el bullying no siempre es evidente: no solo son burlas o agresiones físicas, también son miradas, exclusión, aislamiento o el simple hecho de no ser tomado en cuenta.

Un niño con discapacidad motriz, visual, auditiva, intelectual o psicosocial no solo lucha por aprender, también lucha por ser aceptado y eso deja huellas profundas.

Escuelas que incluyen… solo en el papel

Durante años se ha hablado de inclusión educativa, pero la realidad es que muchas escuelas siguen sin estar preparadas. No basta con que exista una maestra o maestro de educación especial.

La inclusión real implica:

infraestructura accesible (rampas, baños adecuados, señalización)

material didáctico adaptado

docentes capacitados en atención a la diversidad y sensibilización de toda la comunidad escolar

sensibilización de toda la comunidad escolar

personal capacitado en Lengua de señas mexicana (LSM)

libros, materiales y señalización en sistema braille.

Pero, además, hay un paso más que pocas veces se considera: enseñar Lengua de Señas Mexicana a todos los alumnos, no solo a quienes la necesitan porque la inclusión no debería depender de que una niña o niño con discapacidad auditiva se adapte, sino de que toda la comunidad educativa pueda comunicarse.

Enseñar LSM en las escuelas no solo rompe barreras, también fomenta empatía, convivencia y una cultura de respeto desde la infancia porque sin comunicación, no hay educación y sin accesibilidad no hay inclusión.

Una desigualdad que comienza desde la infancia

La discapacidad en la niñez también está profundamente ligada a la desigualdad. Muchas familias enfrentan gastos constantes en medicamentos, terapias y traslados, en algunos casos, uno de los padres tiene que dejar de trabajar para cuidar al menor.

Esto limita oportunidades desde el inicio de la vida.

Un niño con discapacidad que no recibe educación inclusiva y apoyos adecuados, difícilmente tendrá acceso a un empleo digno en el futuro, es un ciclo que se repite.

Entonces, ¿qué nos falta?

Más que discursos, se necesita acción:

Políticas públicas que sí se implementen

presupuesto para accesibilidad escolar

formación docente obligatoria en inclusión

programas contra el bullying con enfoque en discapacidad

enseñanza básica de Lengua de Señas Mexicana en escuelas

apoyos reales para familias que enfrentan gastos médicos y terapéuticos y sobre todo, cambiar la forma en la que vemos la discapacidad porque no es el niño el que tiene que adaptarse al mundo, es el mundo el que tiene que adaptarse para que todos los niños quepan en él.

Una reflexión necesaria este 30 de abril

Celebrar el Día del Niño también debería ser cuestionarnos qué tan justa es la infancia que estamos construyendo, porque mientras haya niñas y niños cuya infancia transcurre entre hospitales, terapias y exclusión; mientras haya quienes no pueden comunicarse en su propia escuela o acceder a materiales básicos para aprender, no podemos hablar de una celebración completa.

La inclusión no es un favor. Es un derecho. Y la infancia no debería tener excepciones.