LA MERA HORA!

0
2

Jair Clodoaldo Xilotl Sánchez

Ya decíamos ayer la importancia de la relación o de la buena relación mejor dicho que debemos tener con los Estados Unidos; la vecindad no es gratis, cuesta y cuesta mucho.

Ahora que los dichos del periódico Los Ángeles Times, donde se revelaba que se iban a incrementar las acciones por parte del gobierno estadounidense en contra de políticos cuestionables en nuestro país, la presidenta de la República enfrenta un dilema enorme por resolver, en el cual puede existir un parteaguas que le brinde a la nación una oportunidad de reencontrarse consigo misma viendo la luz al final del túnel.

Una vez visto el comunicado nos hemos detenido en tecnicismos, detalles y matices de lo que para unos es suficiente argumento de cargo, para otros no representa más que una burda persecución política, sin embargo, es necesario recordar que lo que une en diálogo a dos naciones es el reconocimiento, respeto y la soberanía que se reconocen cada una de ellas, a partir de las cuales se aceptan las posiciones y disposiciones que una a la otra se hacen referencia con tal de construir un diálogo, es decir, el gobierno mexicano le debe el voto de confianza o el beneficio de la duda si gusta al gobierno norteamericano, simple y llanamente por ser una nación soberana, toda vez que el tema se dirimirá ante un juez, donde la fiscalía de aquel país presentará las pruebas que dice son suficientes para comprobar los dichos; entonces se ratificará lo que en la carta diplomática o comunicado se le haya informado al gobierno mexicano.

El gobierno mexicano no puede volverse defensor del señalado por el simple hecho de ser un correligionario partidista, en esas aguas turbulentas la presidenta puede perder la brújula de lo que significa ser la primera mandataria de 150 millones de mexicanos y pretender ser únicamente la líder de un partido político que representa su pensamiento ideológico, antes que eso es presidenta de todos nosotros.

Sin embargo, también hay que considerar que en ese llamado ideológico que hizo el expresidente de la República, desde antes de su periodo de gobierno, habrá construido compromisos, acuerdos o amarres, vaya usted a saber, que probablemente hoy los tenga, a más de uno, con el rosario en la mano, pero para la primera mandataria es una oportunidad dorada de, ahora sí, pasar a la historia basándose en sus ideales de no robar, no mentir y no traicionar, lo que le daría legitimidad al movimiento y fortaleza a su gobierno, más allá de la cuestión electoral.

Estando en lo dicho es hecho, podrá moverse por aguas mucho menos turbulentas en el desempeño de sus funciones, no por quedar bien con los estadounidenses, sino permitiendo el desenvolvimiento de las cosas.

Ojalá y la señora Claudia encuentre la lucidez y la valentía para tomar esa estafeta tan peligrosa pero tan necesaria; deberá ser con valentía y fortaleza para que rompa de una vez con el pasado, sería un ejemplo de decencia, de congruencia, de estadista.

Espero aún que comience así una nueva etapa para todos nosotros, erradicando la corrupción que tanto nos detiene y cuyos efectos nos hacen daño generación tras generación.