LA URGENCIA DEL YUNISMO

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Salvador Muñoz
Los Políticos
Hay algo que el yunismo entendió tarde, pero terminó entendiendo: el verdadero problema no es convencer a Morena… sino convencer a la gente que cree en Morena.
Porque una cosa es conseguir interlocución política en el Senado, tejer acuerdos de coyuntura o aparecer en determinadas fotografías, y otra muy distinta lograr que el votante morenista –ése que convirtió a la 4T en movimiento social antes que electoral– compre la idea de que los Yunes ya están en el lado correcto de la historia.
Ahí está el fondo del asunto.
Por eso cada gesto, cada rumor y cada filtración con tintes yunistas, parecen ir dirigidos más al imaginario colectivo y menos a los cuadros partidistas. La apuesta no es que los acepten en una oficina; la apuesta es que la gente normalice verlos cerca de Morena. Que deje de hacer corto circuito cuando aparecen junto a figuras de la 4T. Que el rechazo se vuelva costumbre… y luego resignación.
En ese contexto, se entiende mejor la versión que se filtró sobre la supuesta invitación de la gobernadora Rocío Nahle García al festejo de cumpleaños del senador Miguel Ángel Yunes Márquez en el Club de Golf Villa Rica.
El detalle es que nunca estuvo invitada. Pero tampoco parecía importar demasiado. Porque el objetivo no era confirmar una asistencia, sino fabricar una percepción. Y en política moderna, a veces se trabaja más para la fotografía imaginaria que para la realidad.
II
La reaparición simultánea de Arturo Castagné en ataques contra la mandataria tampoco lució precisamente espontánea. Hay sincronías que parecen armadas con más precisión que un boletín.
El problema para el yunismo es que el recurso comienza a mostrar desgaste. Porque una cosa es construir puentes y otra intentar colarse por la puerta de servicio mientras todavía traes puesta la chamarra del viejo régimen.
Quienes conocen a Nahle saben que difícilmente improvisa símbolos políticos. Mucho menos convivencias que puedan interpretarse como reconciliaciones públicas no declaradas. No después de una campaña donde la guerra sucia tuvo patrocinadores, operadores y amplificadores perfectamente identificables contra ella.
Y ahí es donde reaparece Castagné, entre resoluciones judiciales, reparaciones de daño y cuentas pendientes.
III
La pregunta entonces no es por qué difundieron la versión de la supuesta asistencia de Nahle, sino para qué.
La respuesta parece sencilla: legitimación.
Porque para ciertos grupos políticos, posar cerca de la 4T comienza a ser más urgente que explicar cómo traicionaron a su partido, a sus votantes, hasta a su familia.
Por eso la fiesta terminó teniendo un simbolismo involuntario. Más que cumpleaños, mesa de coincidencias estratégicas. Ahí confluyeron, entre otros, actores políticos y empresariales ligados, precisamente, a uno de los temas más sensibles del momento: el agua.
Después del ruido generado alrededor del llamado “Cártel del Agua”, no pasó desapercibida la presencia de personajes vinculados a concesiones, organismos operadores y disputas administrativas en la zona conurbada. Digamos que la reunión tuvo más tubería política de la que aparentaban los brindis. Los Ruiz y otros, hoy enfrentados políticamente con la Gobernadora Nahle y la alcaldesa boqueña Maryjose Gamboa. Sea por decisiones administrativas; sea porque el control político de Boca del Río hace tiempo dejó de ser solamente municipal para convertirse en asunto regional; y en una de ésas, porque Rocío y Maryjsoe pisaron ambos callos.
IV
La postal fue peculiar, cuentan los que estuvieron: Adán Augusto López Hernández y Manuel Huerta Ladrón de Guevara compartiendo espacio con figuras del yunismo tradicional y actores ligados al antiguo ecosistema político-empresarial de la conurbación. Mesas donde convivían panistas en transición, morenistas pragmáticos y operadores que han descubierto que las ideologías pueden administrarse con la misma elasticidad que ciertas concesiones.
También se dejaron ver Fernando Yunes Márquez, Indira Rosales San Román y Miguel Hermida Copado, en una convivencia que por momentos parecía más una cumbre de agravios compartidos, que una celebración de cumpleaños.
Porque cuando tantos personajes confrontados con una misma figura política coinciden sonrientes en el mismo salón, las lecturas llegan solas.
Y en la zona conurbada varios interpretaron el encuentro como una especie de “operación cicatriz al revés”: no para cerrar heridas, sino para administrarlas políticamente rumbo a las disputas que vienen.
Mientras tanto, donde sí apareció la gobernadora fue en el encuentro cultural Yolpaki 2026, acompañando expresiones de los pueblos originarios, recorriendo el malecón porteño y saludando delegaciones regionales.
Dos escenarios muy distintos en un mismo día: de un lado, la política de las señales, las filtraciones y las alianzas de ocasión; del otro, la agenda pública, institucional y cultural.
Cada quien eligió dónde quería estar… y, sobre todo, con quién quería ser visto.