Luis Carbonell de la Hoz
Alternativa
En solo once semanas, la campaña presidencial de 2024 cambió el rumbo de la conversación pública. Nunca se había vivido un fenómeno parecido en México: un candidato joven, dinámico, con conciencia social aparecía en escena. Donde antes solo había etiquetas y polarización, él proponía una tercera vía, una ruta para reencauzar el rumbo de nuestro país. Ese candidato fue Jorge Álvarez Máynez.
Dante Delgado —quien ha sido el mejor gobernador de Veracruz— sembró la semilla de nuestro movimiento; Jorge Álvarez Máynez la hizo crecer. Con canciones, pero también con causas, llevó el mensaje de un México Nuevo por todo el país: un México con justicia social y con una plataforma clara para ir de frente a nuestros mayores retos. Máynez tocó corazones y movió conciencias, especialmente entre los jóvenes, pero también entre quienes habían dejado de creer en la política.
Sin embargo, esta columna no es un vistazo al México que pudo ser. Es una mirada al México de hoy. Lejos de alejarse de la política después de la elección, Máynez hizo algo distinto: acercó la política a la gente. Hoy sigue recorriendo el país y manteniendo una agenda de trabajo a tiempo completo.
Como Coordinador Nacional de Movimiento Ciudadano ha demostrado que se puede hacer política con dinamismo, cercanía y solvencia moral, sin deber favores ni someterse a intereses. Por eso puede hablar con claridad sobre temas que muchos prefieren evitar: regular a las grandes boleteras, replantear el punitivismo, poner a las infancias en el centro de la agenda pública, entre muchas otras causas que lo distinguen.
En lo personal, he tenido el privilegio de caminar con él por Veracruz durante las pasadas elecciones. Vino un sin número de veces y nunca dudó en regresar. Recorrimos el sur y el norte del Estado una y otra vez. Recuerdo particularmente una visita a Acayucan: mientras conversaba con un señor, éste le dijo que ningún líder de partido había ido antes. Algo similar ocurrió en Alvarado. Esa cercanía no era un gesto de campaña; era convicción.
Máynez nos ha enseñado que hacer política con dignidad, mirando a la gente a los ojos, sí es posible. Nos ha recordado que existe una red invisible que une a los mexicanos que creemos que el país puede ser mejor. Y esa red crece cada día.
Mientras existan causas por las que valga la pena luchar, habrá voces que se levanten para defenderlas. Y Máynez ha demostrado que está dispuesto a hacerlo.
Porque, al final, siempre —siempre— valdrá la pena luchar por un México Nuevo.
Luis Carbonell de la Hoz
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