Sergio González Levet

Sin Tacto

El asunto del gobernador Rubén Rocha Moya y sus nueve cómplices, acusados por la Corte de Estados Unidos a través de su juzgado en el sur de Manhattan, fue un bazucazo directo contra las entrañas del partido en el poder en México; un torpedo que dio debajo de la línea de flotación del ahora endeble barco de la Cuarta Transformación; un golpe al corazón mismo del lopezobradorismo y a sus anhelos de permanecer en el poder, como el Tercer Reich de Hitler, durante un milenio o más.

     La solicitud de que fueran retenidos con fines de extradición el Gobernador Rocha, el senador Enrique Inzunza, el alcalde de Culiacán Juan de Dios Gámez Mendívil y siete ex colaboradores importantes del Gobierno estatal de Sinaloa fue respondida de la peor manera posible por la presidenta Claudia Sheinbaum.

     Son muchos y cada día más los que consideran que la primera dama Presidenta se ha preocupado demasiado por proteger a los señalados Washington y por evitar que sean deportados al país vecino, cuando lo normal hubiera sido que atendiera con premura la solicitud gringa, en respuesta al tratado de extradición firmado por los dos países, en vigor desde el 26 de febrero de 1980.

     La paupérrima estrategia de contención lanzada por el Palacio Nacional desde el mismo 29 de abril en que fue entregada la solicitud por la Embajada de Estados Unidos a la Secretaría de Relaciones Exteriores (SER), fue solicitar pruebas, pruebas, pruebas de los delitos por los que se acusa a los morenos sinaloenses.

     El primer comunicado de la SRE evidenció que desde el mismo corazón de Palenque habían sido mandadas instrucciones de que se defendiera a Rocha hasta la ignominia (“Él es un hermano para mí”, AMLO):

     «Los documentos que fueron recibidos por parte de la Embajada de los Estados Unidos, de acuerdo a la revisión jurídica de la SRE en el marco del Tratado de Extradición bilateral, no cuenta (sic por el singular erróneo) con elementos de prueba”.

     Y de ahí en adelante las declaraciones de muchos protagonistas del Gobierno trumpista y del Congreso gringo han sido verdaderos bombazos de muy alto octanaje, y cada vez han ido subiendo de tono en su exigencia y en sus acusaciones de complicidad contra la administración de Claudia Sheinbaum.

     ¿Qué ha contestado la Cuatroté a las solicitudes y los extrañamientos? La respuesta ha sido escasa en recursos legales y se ha sustentado en la reiterada exigencia de que se presenten pruebas, lo que no es necesario en ese caso, y en varias distracciones que piensan que son maestras, como la de que la Sheinbaum aparezca con los chavos de BTS en Palacio Nacional o que salude a Bono y su banda U2.

     Han sido simples curitas del Gobierno morenista para atacar el virus letal de las acusaciones. Y así no podrán nunca evitar el daño y la caída inminente del régimen.

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