Alejandro Aguirre Guerrero

Al respecto…

Queda claro que a Estados Unidos ya no le satisfacen las entregas masivas de capos mexicanos, sino que desea a los políticos o empresarios que pudieran estarlos protegiendo (o dejando actuar), situación que la presidenta Sheinbaum podría aprovechar (de rebote), para hacer “una limpia” en las altas esferas de su movimiento, sin quedar como la “mala de la historia”.

Y es que siendo evidente la tensión entre el gobierno mexicano y el estadunidense por la negativa de entregar a Rocha Moya, el margen de maniobra con los gringos se redujo al grado que Sheinbaum les reclamó, en la mañanera, la poca reciprocidad en el tema de extradiciones.

Dejando de lado lo volátil que suele ser Donald Trump, lo cierto es que la relación entre Sheinbaum y el magnate tuvo un “antes y un después” posterior al asunto con el gobernador de Sinaloa, y más aún cuando exfuncionarios de ese estado se entregaron a la autoridad norteamericana.

Pero en Palacio Nacional decidieron aprovechar esta coyuntura para eliminar, con este oportuno camuflaje, algunos perfiles del morenismo que simple y sencillamente (consideran) resultan dañinos a la 4T. Y qué mejor que usar la ofensiva gringa contra funcionarios mexicanos.

Por eso de aquí al primer trimestre del 2027, aquellos nombres “non gratos” para el morenismo moderno que broten en juzgados estadunidenses, tendrán rebote en la asignación de candidaturas hacia las elecciones intermedias.

Y entonces como resulta imposible detener la ofensiva de Trump contra funcionarios mexicanos, en Palacio decidieron (de manera salomónica), usar la inercia de la justicia norteamericana para quitarse de encima, elegantemente, a aquellos que se niegan a salir por pie propio.

Veremos qué ocurre, y si de verdad ocurre.