Carlos Miguel Acosta Bravo
Impronta
La decisión de México de fortalecer su relación comercial con la Unión Europea no es casual ni ocurre en un momento cualquiera. La modernización del acuerdo comercial con el bloque europeo llega justo cuando la relación económica con Estados Unidos entra nuevamente en una etapa de tensión, marcada por el regreso del proteccionismo estadounidense, la revisión anticipada del T-MEC y la creciente presión política de Washington sobre sectores estratégicos mexicanos.
El anuncio del secretario de Economía, Marcelo Ebrard, sobre la intención de incrementar hasta en 50 por ciento las exportaciones e inversiones hacia Europa refleja algo mucho más profundo que una simple estrategia comercial, México está intentando reducir su dependencia estructural de Estados Unidos sin romper con él.
Y ese es precisamente el gran reto.
Durante décadas, la economía mexicana se construyó alrededor del mercado estadounidense. Cerca del 80 por ciento de las exportaciones nacionales dependen de Estados Unidos, una concentración que genera enormes beneficios, pero también vulnerabilidad. Cada cambio político en Washington impacta directamente en el crecimiento, el empleo, el tipo de cambio y las inversiones en México.
Por eso el nuevo acuerdo con Europa funciona como una especie de “seguro económico” frente a la incertidumbre que representa el endurecimiento comercial de Donald Trump. México sabe que vienen años complicados en la relación bilateral, revisión de reglas de origen, presiones migratorias, disputas laborales, exigencias energéticas y nuevas barreras comerciales podrían formar parte de la próxima renegociación del T-MEC.
En ese contexto, acercarse a Europa tiene lógica estratégica.
La Unión Europea no sustituirá al mercado estadounidense; eso simplemente no ocurrirá en el corto plazo. Sin embargo, sí puede convertirse en un contrapeso importante para disminuir riesgos y abrir nuevas oportunidades en sectores donde México tiene enorme potencial competitivo, agroindustria, manufactura automotriz, electromovilidad, energías limpias, logística y alimentos procesados.
Además, Europa también necesita a México. En medio de la fragmentación económica global y las tensiones entre Estados Unidos y China, Bruselas busca socios confiables fuera de Asia y México aparece como una plataforma industrial privilegiada por su ubicación geográfica y su acceso preferencial al mercado norteamericano.
Pero ahí mismo surge el problema.
Washington podría interpretar este movimiento como una señal de autonomía estratégica mexicana y responder endureciendo su postura durante la renegociación del T-MEC. El temor estadounidense es claro, que empresas europeas utilicen territorio mexicano como puente para ingresar indirectamente a Estados Unidos aprovechando las ventajas del tratado regional.
Por ello no sería extraño observar mayores presiones sobre reglas de origen, contenido regional, supervisión aduanera y sectores tecnológicos sensibles. Incluso podrían aumentar amenazas arancelarias o disputas comerciales disfrazadas de argumentos laborales o de seguridad nacional.
El gobierno mexicano está intentando jugar en dos tableros al mismo tiempo, diversificar mercados sin provocar una confrontación frontal con su principal socio económico.
La apuesta puede ser acertada, pero también riesgosa.
Si México logra aprovechar, desarrollar y sacar beneficios, el acuerdo con Europa para atraer inversión, fortalecer cadenas productivas y ganar margen de negociación frente a Washington, podría entrar a una nueva etapa de mayor autonomía económica. Pero si el movimiento es percibido por Estados Unidos como un desafío geopolítico en plena revisión del T-MEC, la presión comercial y política podría intensificarse considerablemente.
En el fondo, el mensaje mexicano es contundente, el país ya entendió que depender excesivamente de una sola economía representa un riesgo estratégico en un mundo cada vez más proteccionista, polarizado e impredecible.
Comente u opine a:
cacostabravo@yahoo.com.mx
Maestro en Comunicación por la Universidad Iberoamericana. Formó parte del cuerpo académico de la Licenciatura en Comunicación en esa institución, así como de la Universidad Anáhuac, campús norte.




