NdelaR
Tatahuicapan
El mensaje de la ciudadanía fue contundente. El desgaste político de la familia González Martínez ya es inocultable. En menos de medio año el descontento social ha comenzado a reflejarse en los espacios donde antes parecían tener el control absoluto.

La elección del presidente encargado de administrar los recursos del Fondo de Aportaciones para la Infraestructura Social para los Pueblos y Comunidades Indígenas y Afromexicanas (FAISPIAM) terminó por exhibir esa realidad. Contra los intereses del grupo en el poder, el ganador fue el doctor Rolando Bautista Ramírez, quien tuvo el respaldo de más de mil personas concentradas en el domo.

Lo ocurrido después resultó aún más revelador. Eusebio “Chevo” González, exalcalde y uno de los principales operadores políticos de la familia, habría reaccionado con evidente molestia ante el resultado, derivando en una trifulca en la que juntaron a empleados del Ayuntamiento y sus “allegados” que no fueron arriba de 100 personas.

La escena deja una pregunta inevitable. ¿Por qué tanto interés en controlar un organismo ciudadano? La respuesta parece encontrarse en el manejo de recursos y en la necesidad de mantener cuotas de poder más allá de los cargos oficiales.

Lo que durante años fue una estructura política sólida hoy muestra signos de desgaste. La inconformidad ciudadana crece, mientras las viejas prácticas de presión y control comienzan a encontrar resistencia entre quienes exigen mayor transparencia y autonomía en las decisiones comunitarias.