Ana Rosa Valdés Salazar
En Mi Opinión
Con atropellos a la Constitución, Morena reformó la reforma que comprando votos y amenazando a legisladores hizo posible la elección de juzgadores, para posponer hasta 2028 la elección que debía realizarse en 2027 y meterle reversa a lo que no le funcionó para volver a lo que sí funcionaba aunque con cambio de nombre.
Si al lector le parece confuso el párrafo anterior es porque así hace Morena las cosas:
Las nuevas normas para depurar a los candidatos a jueces y magistrados por medio de Comités de Evaluación, o por insaculación o tómbolas, enviarán al cesto de la basura el derecho constitucional a votar y ser votado. Morena estableció la elección de juzgadores, pero al pretender controlar todo según sus intereses no vacilará en dejar fuera, por evaluación, a un buen juez que deje su cargo para aspirar a ser magistrado, si a ojos de los evaluadores ese juez no cumple el requisito del 90 por ciento de lealtad, aunque tenga un porcentaje más elevado de aptitud.
La reforma de 2024 eliminó las salas de la Suprema Corte para que ésta funcionara en Pleno. Con la nueva reforma, se crearán secciones que permitan al Pleno conocer asuntos de fondo que sienten criterios obligatorios, es decir, las secciones harán el trabajo que hacían las salas. ¡Pero qué necesidad!
La Comisión Coordinadora que será responsable de verificar el cumplimiento de los requisitos por parte de los aspirantes tendrá un enorme poder, pues también establecerá criterios y metodologías de evaluación, selección y exámenes de conocimientos. Ella misma instituirá las reglas a las que se someterá y que deberán seguir los Comités que seleccionarán a las personas mejor evaluadas.
Morena actúa con tal torpeza que el propio vicecoordinador de su bancada en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, Alfonso Ramírez Cuéllar, rechazó, por considerarla violatoria de la Constitución, la propuesta del diputado morenista Sergio Gutiérrez Luna para permitir que los magistrados de la Sala Superior del Tribunal Electoral que se encuentren en funciones puedan ser elegibles para un nuevo periodo en la elección federal de 2028, lo que haría posible que se mantengan en el cargo hasta 17 años, pues fueron elegidos por el Senado de la República en 2016 para un periodo de nueve años, hasta 2025, pero por la reforma al Poder Judicial se extendió su cargo por un año más para que evaluaran la elección de juzgadores.
Ahora, al aplazar esta nueva reforma la elección judicial, seguirán en el cargo hasta 2028 y, de llegar a reelegirse, podrían estar en el cargo otros seis años más, hasta 2034. ¿Para qué? Para seguir siendo tapadera de las trampas electorales del partido que les dio los cargos: Morena.
Por otra parte, la reforma constitucional que incorpora la injerencia o intervención extranjera como causal para anular elecciones es la reforma del miedo, el miedo intenso de Morena a perder el poder, que ya se le desmorona ante las presiones del gobierno de Estados Unidos, que anuncia más acciones en su ofensiva contra los cárteles mexicanos, declarados como organizaciones terroristas.
Morena se está blindando con miras a las próximas elecciones y por eso, con una propuesta profundamente antidemocrática, cambia las reglas para que, ante resultados adversos, pueda anular las elecciones con cualquier pretexto de intromisión extranjera, lo que refleja ese miedo a perder el poder y a lo que vendría después, con una clara dedicatoria para Estados Unidos, el enemigo contra el que Claudia Sheinbaum se envuelve en la bandera de la soberanía con un discurso convertido en estribillo que demuestra, también, hasta dónde puede llegar Morena en su aferramiento al poder.
Los morenistas de por sí ya estaban sumamente preocupados por el adverso entorno político y económico: la economía estancada, la creciente inseguridad y la exhibición de su falsa narrativa de que eran diferentes, cuando les estalló el caso del huachicol fiscal, en el que el ex secretario de Marina está metido hasta el cuello, y ahora las investigaciones de autoridades norteamericanas con la solicitud de detención provisional para fines de extradición de los 10 de Sinaloa, a la que ya dio respuesta negativa Claudia Sheinbaum en su discurso de festejo dominguero en el Monumento a la Revolución.
Ahora tienen miedo de que, ante el descrédito, los programas sociales ya no les alcancen para ganar elecciones. El desplome total llegaría si la economía ya no les permite pagar los programas sociales.
Con esta reforma, las autoridades electorales, que controla Morena y por tanto nadie cree en su imparcialidad, podrán anular una elección si a su parecer intervinieron individuos, organizaciones o gobiernos extranjeros para influir en las preferencias del electorado o en los resultados de esa elección.
Cualquier elección será anulable aun cuando los candidatos o los partidos contendientes en ella se hayan conducido con estricto apego a las leyes aplicables. No serán sus actos los que la invaliden, sino los de otros que, además, serán extranjeros y podrán no importarles en lo más mínimo las elecciones de México, pero con sus comentarios, sus declaraciones o cualquier hecho que le sirva de pretexto al régimen habrán colaborado a la anulación de una elección con resultados adversos a los detentadores del poder. Autoritarismo puro.
Claudia Sheinbaum es quien menos autoridad tiene para invocar ese principio. El presidente de Colombia, Gustavo Petro, reveló que fue su compañera en la guerrilla del M-19. ¿No es intervención extranjera ir a otro país a pelear una guerra que no es propia y contra un gobierno legalmente constituido?

Pero la Presidenta con A se llena la boca con sus proclamas de soberanía, sin poder ocultar la cola, que se atrapa al querer cerrar la puerta y que le creció con las tropelías de sus cónsules en Estados Unidos, acusados de realizar actividades proselitistas en ese país.
El Departamento de Estado ya los investiga para determinar si incurren en acciones políticas o electorales y pende sobre ellos la amenaza del cierre de varios consulados.
Recuérdese que López Obrador públicamente se jactaba de poder influir en las decisiones de los mexicanos que votan en los Estados Unidos. Eso sí es injerencia extranjera, a ver ahora cómo nos devuelven esta joya legislativa tan claramente dedicada a ellos.