Alejandra Herrera
Resulta y Resalta

RESULTA que, en política también hay historias que merecen ser contadas, sobre todo cuando surgen trayectorias que nacen en la organización social y terminan en las instituciones. Hace tres décadas, un joven líder nahua del sur de Veracruz se integró al Frente Zapatista de Liberación Nacional, sin imaginar que años después presidiría la Junta de Coordinación Política del Congreso del Estado.

Hace 30 años, cuando México vivía tiempos de efervescencia social, en los que había nuevas expresiones de participación ciudadana inspiradas en causas indígenas y de justicia social, Esteban Bautista Hernández, decidió incorporarse al FZLN.

Junto a una veintena de compañeros, el actual diputado local, líder de los morenistas en la LXVII Legislatura, se sumó a dicha organización -impulsada por el EZLN-, pero que era concebida como un espacio de participación ciudadana pacífica y no armada.

Según consta en archivos, el propio subcomandante Marcos reconoció, en junio de 1996, a Bautista Hernández como integrante del Comité Civil de Diálogo «Sociedad Civil zona náhuatl», de Tatahuicapan y Mecayapan, en el estado de Veracruz.

El ingreso a dicha organización, representaba en aquellos años una apuesta por una izquierda distinta, crítica del sistema político tradicional y más cercana a las causas indígenas y comunitarias.

Tres décadas después, varios de esos militantes, participan ahora en espacios de gobierno y representación popular; los años 90 fueron prácticamente una escuela para muchos líderes sociales y aunque algunos desaparecieron de la escena pública, otros encontraron espacios en organizaciones civiles, sindicatos o partidos políticos, algunos llegaron a ocupar cargos de alta responsabilidad.

RESALTA el caso de Esteban Bautista, quien forma parte de esa generación que transitó de los movimientos sociales a las instituciones, su historia permite observar a uno de aquellos participantes que hoy ocupa una de las posiciones más influyentes del congreso veracruzano.

Pero antes de ocupar dicho cargo, Bautista Hernández ya había abrazado una causa: la de los pueblos indígenas, la justicia social y la atención a los sectores más vulnerables. Ahí aprendió que la política debía estar al servicio de la gente y no al revés.

Con el paso de los años, esos principios no quedaron olvidados, por el contrario, se convirtieron en una guía permanente de su actuar público. Mucho antes de que el lema “primero los pobres” se convirtiera en la principal bandera de gobierno de Andrés Manuel López Obrador, Esteban Bautista ya asumía esa visión como una convicción personal nacida de su contacto con las comunidades indígenas y campesinas del sur de Veracruz.

Por ello, cuando Rocío Nahle le planteó la posibilidad de incorporarse al proyecto de Morena, la decisión no representó una ruptura con sus ideales, sino una continuidad natural de ellos. Después de años de militancia en el PRD, encontró en el movimiento encabezado por López Obrador una coincidencia plena con los principios que había defendido desde su juventud: cercanía con la gente, justicia social y prioridad para quienes históricamente habían sido olvidados.

Treinta años después de aquel joven activista que se sumó al Frente Zapatista, su trayectoria refleja la permanencia de una idea sencilla, pero poderosa: que la política sólo tiene sentido cuando se ejerce con profundo compromiso humano y con la mirada puesta en quienes más necesitan del respaldo de las instituciones.