Enrique Yasser Pompeyo

Mesa de Redacción

En tiempos donde la desinformación suele encontrar terreno fértil cuando se habla de energía nuclear, conviene atender a los hechos y a la voz de quienes tienen la responsabilidad institucional de supervisar y coordinar la protección de la población. 

Las recientes declaraciones de la gobernadora de Veracruz, Norma Rocío Nahle García, aportan precisamente esa claridad que la ciudadanía merece.

El mensaje es claro: la Central Nucleoeléctrica Laguna Verde opera bajo los más altos estándares de seguridad a nivel mundial. 

No se trata de una afirmación improvisada ni de un recurso discursivo para tranquilizar a la opinión pública. 

Detrás de esas palabras existe una cultura de prevención, supervisión y mejora continua construida durante décadas.

La gobernadora recordó que la planta cuenta con preparación específica para enfrentar diversos escenarios: inundaciones, fuertes vientos y movimientos sísmicos. 

Es decir, la seguridad no se concibe como una reacción ante una emergencia, sino como una tarea cotidiana basada en la anticipación de riesgos. 

Esa diferencia es fundamental. Los sistemas modernos de protección civil funcionan precisamente bajo esa lógica: prever antes que lamentar.

También destacó que la CFE⁠ mantiene protocolos internos rigurosos de mantenimiento y seguridad en todas sus instalaciones, con una atención particularmente cuidadosa en Laguna Verde. 

Esto refleja el carácter estratégico de una planta que, además de aportar energía al país, representa un compromiso permanente con la confiabilidad operativa y la protección de las comunidades cercanas.

Otro aspecto que fortalece la confianza ciudadana es la realización de simulacros. 

El anuncio de un nuevo ejercicio integral en agosto, con la participación coordinada de autoridades federales y estatales, demuestra que los protocolos no permanecen archivados en manuales: se ponen a prueba, se evalúan y se perfeccionan. 

Los simulacros son evidencia de instituciones activas y responsables, capaces de actuar de manera organizada ante cualquier eventualidad.

Vale la pena subrayarlo: la existencia de estos ejercicios no debe interpretarse como señal de alarma. Por el contrario, son muestra de una cultura de protección madura. 

Los países y las instalaciones más seguras del mundo son precisamente aquellos que entrenan constantemente a su personal, revisan sus procedimientos y actualizan sus mecanismos de respuesta.

En un contexto global donde la demanda energética exige soluciones eficientes y confiables, Laguna Verde representa una infraestructura estratégica para México. 

Pero su relevancia no descansa únicamente en la electricidad que genera; se sostiene también en el profesionalismo de sus trabajadores, en la disciplina de sus protocolos y en la coordinación entre los distintos órdenes de gobierno para garantizar la seguridad de la población.

Las declaraciones de la gobernadora Norma Rocío Nahle García invitan a una reflexión serena: la confianza pública se construye con información, transparencia y trabajo técnico. 

Laguna Verde no es una instalación improvisada ni desprotegida; es una planta sometida a vigilancia permanente, a estrictos programas de mantenimiento y a evaluaciones constantes.

En materia de seguridad nuclear, no hay espacio para la complacencia. Y precisamente por eso, la prevención, la capacitación y la revisión continua siguen siendo una prioridad. 

Laguna Verde es, hoy, un ejemplo de que la responsabilidad institucional y la preparación permanente son las mejores garantías para la tranquilidad de la sociedad.

enriquepompeyo@hotmail.com