Felipe de Jesús Fernández Basilio
Desde a Janela
El mundial 2026, o como quiera que se llame, cumple ya una semana de haber iniciado y, tal como anticipamos la semana pasada, comenzó con varias gestas en la cancha y otras tantas fuera de ella.
Así mismo esas gestas deportivas y sociales nos han mostrado ser muy superiores a las mezquindades de quienes gobiernan en al menos dos de las tres naciones norteamericanas que lo organizan.
Así es, mientras los aficionados suecos abrazaron y reconfortaron a las madres que buscan a sus hijos desaparecidos en Nuevo León el día que su selección de futbol se presentó para disputar su primer encuentro del torneo en tierras regias, la presidente de México no solo las acusó de intentar sabotear a su gobierno, sino que incluso les advirtió que las va a investigar para saber de donde obtienen el financiamiento necesario para movilizarse por todo el país.
También, mientras los triunfos de la Selección Mexicana de Fútbol (dos al momento de escribir estas líneas) unen a prácticamente todos los mexicanos para festejarlos, el gobierno que es incapaz de reunir de modo espontáneo en sus convocatorias para realizar mitines, siquiera a la décima parte de quienes acuden al Ángel de la Independencia cuando gana la selección, sigue buscando por todos los medios posibles polarizar y dividir a los mexicanos.
Mientras los aficionados mexicanos, colombianos, coreanos y demás naciones cuyos equipos han jugado en la Ciudad de México han abarrotado estadios y calles, el gobierno ha sido totalmente ineficiente para cubrir todos los aspectos de movilidad que se requieren para mostrar que la principal urbe mexicana se encuentra entre las principales del mundo, ya que durante los ocho años que tuvieron para preparar el evento cancelaron la construcción de un aeropuerto de primer nivel y lo reemplazaron por otro mucho menor el cual ni siquiera ha sonado en estas fechas mundialistas, en cambio, la nota ha sido que ni siquiera pudieron reparar en tiempo y forma el viejo aeropuerto de la ciudad, el único que realmente se usa para entrar y salir de ella.
En el mismo tema, ocho años y tres administraciones locales de gobiernos de la transformación que no fue y ni tampoco será (la segunda de ellas y la que dispuso de más tiempo para prepararse estuvo a cargo de la actual presidente de la república) no solo fueron incapaces de modernizar las redes de transporte público, también provocaron su deterioro hasta niveles inaceptables debido a que ordeñaron los pocos recursos que se obtienen derivados de su operación cotidiana; muestra de ello es que el Mundial en México está alcanzando la mitad de su duración y la línea dos del metro nada más no queda.
La Copa Mundial de Fútbol también ha unido tanto a empresas como a muchísimas personas de las tres naciones organizadoras, mientras que sus gobiernos viven quizá la peor época diplomática de la que se tenga registro en el subcontinente norteamericano; así es, los gobiernos de México y Estados Unidos han hecho hasta lo imposible para no llevarse bien y junto con ellos han arrastrado al de Canadá que tampoco sabe como negociar con sus socios.
Y ya que estamos hablando de la Unión Americana, mientras sus estadios se llenan y su selección triunfa demostrando que el fútbol llegó para quedarse en aquellas tierras, su gobierno no solo pretende ignorar el evento, sino que incluso lo sabotea al impedir la entrada tanto de selecciones participantes como de árbitros internacionales designados para la justa.
Así es, el fútbol nos ha demostrado que cuando algo une a la humanidad, son superados todos y cada uno de los obstáculos que por mezquindad política sus propios gobiernos ponen sin importar el perjuicio que puedan causar.




