Jorge Ramón Rizzo*
Focus Group
¿Qué se está haciendo bien? y ¿Qué se está haciendo mal? para promover el turismo hacia México en la actual Copa Mundial de Fútbol de la FIFA 2026, son preguntas base que sirven para hacer un ejercicio que me parece oportuno, cuando han transcurrido doce días de haber iniciado la justa deportiva.
Sin duda, México se encuentra ante una oportunidad histórica al coorganizar la Copa Mundial de la FIFA, que es quizá el mayor escaparate global y que coloca al país en el centro de la atención del planeta entero. Este evento deportivo no es solo una fiesta de fútbol, sino también la plataforma de promoción turística más masiva de la década. A medida que arriban miles de aficionados de todo el planeta, se hace evidente que la estrategia turística mexicana presenta tanto aciertos brillantes como grietas preocupantes que exigen atención inmediata.
Si hablamos de lo positivo, debo empezar hablando de la diversificación de la oferta turística es el mayor acierto de la campaña actual. México entendió que el aficionado moderno busca más que un partido de fútbol. La promoción oficial ha sabido entrelazar los estadios con las riquezas culturales, gastronómicas y arqueológicas cercanas a las sedes de Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey.
Se promociona con éxito que un juego en el Estadio Azteca puede complementarse con una visita a Teotihuacán o canales de Xochimilco, ampliando la derrama económica hacia sectores tradicionales o incluso involucrar destinos de playa del Golfo de México en Veracruz, paraísos de turismo enológico en Querétaro, o turismo colonial en Guanajuato.
Mucho tuvo que ver la secretaria de Turismo Josefina Rodríguez Zamora en concretar antes del Mundial, una serie de alianzas estratégicas internacionales, así como la digitalización que también ha caminado con paso firme, al igual que la colaboración estrecha con aerolíneas y agencias globales que ha facilitado la creación de paquetes turísticos integrales.
También son mérito de SECTUR, el despliegue de guías digitales multilingües, aplicaciones móviles oficiales con mapas interactivos de las sedes y campañas multimedia de alto impacto en redes sociales han logrado proyectar una imagen moderna, hospitalaria y culturalmente vibrante de México.
Pero también hay escenarios de oportunidad para mejorar y la saturación de los destinos clave y el olvido de las regiones no mundialistas representan, a mi juicio y de quienes consulté para escribir ésta entrega, el principal error estratégico, ya que al concentrar casi la totalidad de los reflectores en las tres ciudades sede, se ha provocado una centralización excesiva del turismo.
Esto no solo genera una presión insostenible sobre la infraestructura urbana y hotelera de estas metrópolis, sino que deja en el abandono a joyas turísticas como los Pueblos Mágicos, las playas del Pacífico o la Riviera Maya, que bien pudieron beneficiarse de rutas turísticas conectadas.
Las fallas en infraestructura de transporte y la gestión de la seguridad siguen siendo el talón de Aquiles de la experiencia del visitante. Aunque las zonas hoteleras y los perímetros de los estadios cuentan con blindaje policial, la conectividad terrestre interurbana sigue mostrando deficiencias.
Las tarifas de transporte local se han disparado sin una regulación efectiva, provocando abusos comerciales que manchan la reputación del destino. Asimismo, la falta de una campaña de comunicación internacional agresiva para contrarrestar las alertas de viaje de otros gobiernos genera incertidumbre, sobre todo en el turista primerizo.
El Mundial de fútbol es un aparador momentáneo, pero sus efectos en la reputación de un país son permanentes. México está haciendo un trabajo sobresaliente al vender su identidad, su calidez y su folclor al mundo mediante herramientas digitales modernas. Sin embargo, la miopía de centralizar los flujos turísticos y la falta de controles estrictos sobre el transporte y la seguridad local amenazan con opacar los esfuerzos promocionales.
Para capitalizar este evento más allá del silbatazo final, las autoridades y el sector privado deben corregir el rumbo urgentemente. Se requiere dispersar a los visitantes hacia estados vecinos mediante corredores turísticos exprés y garantizar una experiencia de viaje segura y económicamente justa. El gol de la promoción turística ya se anotó; ahora falta asegurar el partido defendiendo la calidad de la experiencia del usuario en el terreno de juego.
*Periodista/Tlaxcala




