Sergio González Levet
Sin tacto
Ya andan festinando los fanáticos del lopezobradorismo que el éxito de la selección de futbol y el contagioso entusiasmo mexicano alrededor de las tres sedes en los que hubo juegos se proyectarán directamente en un apoyo popular desmedido hacia los gobiernos de la Cuarta Transformación.
Quieren creer que los seis goles que convirtieron los muchachos se convertirán a su vez en votos multitudinarios para los candidatos que presentará en 2027 el partido oficial junto con sus posibles aliados en las elecciones para renovar 17 gubernaturas, la Cámara de Diputados y 30 legislaturas estatales, junto con el Congreso de la Ciudad de México.
Nada más alejado de la verdad.
Es cierto que la representación de nuestro país jugó como siempre y ganó como nunca, y que las jornadas futboleras y post-futboleras en la CdMx, en Guadalajara y en Monterrey fueron un modelo de buenas costumbres, de alegría ostentada con una civilidad casi perfecta, que se han contravenido con el temor que se tenía de que la violencia del narco establecida en el país se estampara en los estadios y se reflejara en inseguridad para los visitantes que vinieron a apoyar a sus equipos.
Es cierto también que la mexicana alegría y el espíritu hospitalario de nuestro pueblo desbordaron cualquier voluntad que hubiera tenido el crimen organizado de cometer ilícitos para llenar sus arcas con las divisas futboleras que inundaron México por unos días.
Los gringos y los canadienses vieron con no poca envidia cómo el Estadio Azteca, el Estadio Akron de Guadalajara y el BBVA de Monterrey mostraron su belleza, su comodidad y su calidad estructural para dar cabida a las decenas de miles de fanáticos que pagaron cantidades exorbitantes para gozar en persona del segundo más exquisito espectáculo que ofrece el Juego del Hombre (la Champions League europea, con su pléyade de estrellas de todo el planeta y los mejores equipos del mundo, es la quintaesencia).
Pero el futbol no tiene nada que ver con la política electoral, por más que los jilgueros comprados del régimen quieran convencer a sus escasos seguidores de que es así.
Los dos goles de Julián Quiñones, y las anotaciones de Raúl Jiménez, Luis Romo, Mateo Chávez y Álvaro Fidalgo no han incidido en ninguna mejora de los indicadores de aceptación para la presidenta Sheinbaum, que inflan en cada ejercicio las encuestadoras pagadas suficientemente.
No, no y no la opinión pública mexicana va a cambiar el rumbo de su creciente exasperación en contra de los gobiernos guindas que en ocho años han llevado al desfiladero las finanzas y el futuro de la nación.
Por más juegos que ganen hasta que sean eliminados, por más que lleguen a jugar el soñado quinto partido, por más que tengamos la mejor selección de nuestra historia, la gente no va a salir de los estadios para ir a votar por Morena.
Ése es otro boleto… y no lo quieren entender.
sglevet@gmail.com




