Miguel Ángel Rueda Ruiz

Filias y fobias… del Poder

El sistema político mexicano tiene un nuevo jugador. 

El Consejo General del Instituto Nacional Electoral otorgó el registro como partido político nacional a Somos México. 

El parto no estuvo exento de polémica.

Paradójicamente, casi al mismo tiempo que concedió el registro, el propio INE emitió una resolución que busca impedir al nuevo instituto político utilizar su nombre y los colores rosa que lo identifican. 

Para el consejero Martín Faz Mora, dicha determinación carece de sustento legal.

Como si el estreno no bastara, también apareció una confusión derivada de una homonimia. 

En el Consejo Consultivo figura Salvador Nava Calvillo, hijo de los históricos luchadores democráticos potosinos Salvador Nava Martínez y Concepción Calvillo Alonso. 

En redes sociales fue confundido con Salvador Nava Gomar, exmagistrado y abogado de Pío López Obrador.

El nacimiento de Somos México provocó una intensa discusión pública. 

Mientras unos celebran la aparición de una nueva alternativa política, otros cuestionan su viabilidad. 

Al frente se encuentra Guadalupe Acosta Naranjo, identificado con la izquierda democrática y con una larga trayectoria en la lucha social.

Con Acosta Naranjo convergen integrantes de la corriente Galileo y quienes participaron en la llamada Marea Rosa, el movimiento que defendió la autonomía del INE. 

De ahí también el simbolismo de un color que hoy parece incomodar a quienes administran la autoridad electoral.

La apuesta ideológica del nuevo partido es presentarse como una opción de centro democrático, distante tanto de los populismos de izquierda como de derecha que, sostienen sus promotores, han ganado terreno en distintas naciones, incluido México.

Entre sus cartas de presentación destacan la experiencia política de sus fundadores, el principio de seleccionar candidatos bajo la fórmula Leal, Capaz y Ético, la celebración de elecciones primarias internas y un discurso que advierte sobre el deterioro de la vida democrática.

Su narrativa combina experiencia, renovación generacional, trabajo territorial y cercanía con la ciudadanía. 

La denominada Marea Rosa pretende recorrer el país con una estrategia de organización “familia por familia” para consolidarse como una alternativa electoral.

En Veracruz figuran entre los fundadores José Antonio León Mendívil, Julián González Suárez, Celso David Pulido Santiago, Martín Quintano, Raúl Arias Lovillo y Manuel Hernández Hidalgo, entre otros.

En Minatitlán, donde Somos México realizó una conferencia de presentación, aparecen como integrantes fundadores Monserrat Magaña, Víctor Abundio Gómez, Paola Carrillo Riverol, Antonio Murga Hernández, Cirilo Cacho Martínez, Daniel Abiel Abadilla, Nery Esly Onofre González, Luis Prudencio Almanza Estrada, Sergio Ramírez, Yazmín Rodríguez Castillo y Ronald Castro.

La apuesta es clara. Competir por un electorado que, afirman sus dirigentes, busca una opción distinta y no define su voto exclusivamente por los programas sociales impulsados por el gobierno.

El verdadero desafío para Somos México apenas comienza. 

Obtener el registro es apenas el primer peldaño.

Conservarlo y convertirlo en una fuerza competitiva representa una prueba mucho más compleja. 

La elección intermedia de 2027 será su primer examen frente a un electorado cada vez más polarizado y a reglas que suelen favorecer a quienes ya ocupan los espacios de poder.

La competencia no será únicamente contra el partido gobernante. 

Como ha ocurrido a lo largo de la historia política mexicana, el adversario de cualquier fuerza emergente suele ser el propio aparato de Estado, que naturalmente tiende a preservar el statu quo. 

Quien ejerce el Poder dispone de la agenda pública.

De la narrativa gubernamental.

De la estructura territorial.

Y de los recursos institucionales permitidos por la ley.

Ventajas que, sin romper necesariamente las normas, generan una competencia desigual frente a organizaciones que apenas comienzan a construir presencia nacional.

A ello se suma una realidad ineludible. En las elecciones intermedias suele disminuir la participación ciudadana, mientras que las estructuras partidistas consolidadas mantienen una mayor capacidad de movilización. 

Para un partido nuevo, el reto consiste en transformar el entusiasmo de sus simpatizantes en organización territorial, representación electoral, defensa del voto y resultados en las urnas.

La historia demuestra que los partidos nacen con discursos; sobreviven con organización. 

Y sólo aquellos que logran construir ciudadanía, liderazgo y confianza consiguen dejar de ser una novedad para convertirse en una verdadera opción de Poder. 

Ahí estará la prueba de fuego para la naciente Ola Rosa en 2027.