Felipe de Jesús Fernández Basilio
Desde a Janela
Sigue transcurriendo el Mundial de fútbol más grande de la historia tanto por la cantidad de selecciones nacionales involucradas como por la cantidad de ciudades sedes de partidos y lo que se ve a primera vista es el éxito rotundo que el mayor de los eventos deportivos a nivel global está registrando.
Así es, la apuesta de expansión le resultó redonda a la FIFA, todos los estadios se han llenado sin importar los exorbitantes precios de las entradas y ya ni hablemos de los diversos ingresos que han obtenido por los patrocinios comerciales y por los monopolios que conformaron en estadios y zonas de fans en las ciudades sede.
Sí, es innegable que la FIFA está operando su principal producto bajo un capitalismo descarnado y sin embargo, esa es la razón de su éxito.
Ya que si bien es cierto que los precios de las entradas se volvieron inaccesibles para la gran mayoría de la población en todo el mundo, también lo es que una inmensa mayoría de personas en todo el planeta sabe de la existencia del evento e incluso de cómo se va desarrollando hasta el momento.
Y esto es así debido a la publicidad que se impone hasta en las personas que no les interesa el fútbol.
La reflección que esto nos deja es que el capitalismo, con todos sus defectos, es el mejor sistema económico que ha desarrollado la humanidad y una muestra genuina de ello, es que no existe ni ha existido algún evento de magnitud similar creado bajo un sistema estatista, socialista ni mucho menos por uno comunista.
¿Cuándo la Unión Soviética creó un torneo internacional relevante o cuándo lo hizo, al menos regionalmente, ese crisol que inspira a todas las ultra izquierdas (así les llamamos ahora que está la modita de anteponer el prefijo “ultra” a toda corriente política) latinoamericanas que ha sido la Revolución Socialista Cubana?
Nunca, y eso se debe a que la ultra izquierda solamente vende espejitos a la población ofreciendo repartir lo poco o mucho que tiene un país sin generar más riqueza y cuando esta se acaba, destruyen hasta al propio Estado que tanto dicen idolatrar.
Así es, reparten migajas a la población a costa de acabar con los servicios públicos.
Otra reflexión que surge de este mundial es que se fracasa cuando se busca crear enemigos en donde no existen, y el mejor ejemplo lo tenemos con la supuesta hispanofobia ancestral que el gobierno de la transformación que no fue y ni tampoco será ha promovido por todos los medios posibles.
Y el mejor ejemplo de ese fracaso lo tuvimos con la visita que el rey de España hizo a México por motivos del fútbol; así es, literalmente en donde se paró fue agasajado por los mexicanos y pudo ver tranquilamente a su selección desde un palco en el estadio de Guadalajara, mientras que la jefe del Estado mexicano ni por equivocación se aparece en alguno de ellos.
Esto se debe a que simplemente en México no existe resentimiento alguno hacia los españoles derivado del periodo virreinal y así podrán decir lo que quieran desde el púlpito instalado en el palacio que Hernán Cortés construyó y sin embargo, lo cierto es que el rey ha disfrutado más el mundial en tierras mexicanas que la presidente de la república.
Por último, va la reflexión más importante para esta ocasión, el equipo mexicano ha jugado por nota y ha cosechado excelentes resultados, lo cual con todo merecimiento ha generado mucha alegría y también, por qué no, mucho orgullo.
Por ello, la alegría tiene que ser algo gozoso y no un pretexto para cometer desmanes y, peor aún, perder la vida o la salud en ellos.
Sabemos que nuestro gobierno es ineficaz, porque no destinó ni destinará los recursos necesarios para desarrollar un plan de contingencia medianamente eficaz para controlar y/o evitar los desmanes; por ello la prudencia necesariamente tiene que caber individualmente y festejar los logros de la selección nacional de manera sana y sin atropellar la integridad de terceros ni exponer la propia.
FELIPE DE JESÚS FERNÁNDEZ BASILIO
felfebas@gmail.com
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