Pepe Cortés

No toda reforma merece aplausos.

Algunas merecen preguntas.

La aprobada por el Congreso de Veracruz sobre los requisitos para encabezar el ORFIS es una de ellas.

Hay una decisión correcta.

Y varias equivocadas.

Comencemos por lo que sí comparto.

Limitar la titularidad del ORFIS exclusivamente a contadores públicos era un criterio demasiado estrecho.

Un economista puede tener la preparación para encabezar el órgano auditor.

También un abogado con experiencia en derecho administrativo.

O un especialista con estudios de posgrado en Administración Pública.

La fiscalización moderna exige mucho más que saber leer balances.

Exige entender cómo funciona el Estado.

Hasta ahí, la reforma tenía sentido.

Pero entonces llegó el error.

Abrir el abanico de perfiles no debía significar disminuir la exigencia.

Todo lo contrario.

Si más personas pueden competir, los filtros deben ser más rigurosos.

No más flexibles.

¿Por qué no exigir un promedio mínimo de 8.5?

¿Por qué no privilegiar estudios de maestría o doctorado relacionados con auditoría, economía, finanzas públicas o administración gubernamental?

¿Por qué no acreditar una década de experiencia comprobable en fiscalización o control del gasto público?

¿Por qué no obligar a los aspirantes a defender públicamente un proyecto técnico para el ORFIS?

Las instituciones no mejoran cuando se facilita el acceso.

Mejoran cuando el mérito pesa más que la conveniencia.

Pero hay un cambio todavía más delicado.

Eliminar el requisito de arraigo.

Como si fiscalizar Veracruz no exigiera conocer a Veracruz.

Quien aspire a vigilar el destino de miles de millones de pesos debe conocer el estado que pretende auditar.

No sólo sus leyes.

También sus regiones.

Sus instituciones.

Sus prácticas administrativas.

Sus inercias políticas.

Sus viejos problemas.

Y sus nuevas formas de disfrazarlos.

Eso no se aprende en un manual.

Se vive.

Por eso considero que debería establecerse una residencia mínima de doce años.

No para cerrar las puertas.

Sino para garantizar que quien llegue conozca, al menos, el contexto político, administrativo y financiero de las dos últimas administraciones estatales.

Porque una auditoría no consiste únicamente en revisar cifras.

Consiste en entender por qué esas cifras existen.

Acción Nacional votó en contra de esta reforma y advirtió que flexibilizar los requisitos justo antes de nombrar a la próxima persona titular del ORFIS envía un mensaje equivocado. Si el órgano encargado de vigilar el uso del dinero público pierde exigencia desde el proceso de selección de su cabeza, la confianza ciudadana también se debilita.

Los veracruzanos no necesitan un titular al que le hayan hecho más fácil llegar.

Necesitan al mejor.

Al más preparado.

Al más independiente.

Porque cuando el Congreso baja la vara para elegir al vigilante de las cuentas públicas, la pregunta deja de ser quién puede ocupar el cargo.

La verdadera pregunta es para quién se modificaron las reglas.

@pepecortesmx

Abogado, economista, activista político, militante del PAN desde 1999, consejero estatal del PAN en Veracruz.