Salvador Muñoz

Los Políticos

Hay una diferencia enorme entre un Plan de Movilidad y un plan para meter más vehículos a las calles.

La noticia suena bien. Sesenta nuevos autobuses tipo Ulúa (acá serán Atenas) circularán por el corredor que va de Banderilla a Xalapa, hasta la entrada de Emiliano Zapata y algunas congregaciones. Son unidades modernas, climatizadas, accesibles y, en el papel, representan un avance para el transporte público.

El problema no son los autobuses.

El problema es preguntarse si llegarán para sustituir un sistema obsoleto… o para convivir con él.

Porque mientras se anuncian estas nuevas unidades, siguen circulando decenas de rutas que convergen sobre la misma arteria que desde hace años carga con el peso de la ciudad: Lázaro Cárdenas.

Y ahí es donde empieza la duda.

¿La estrategia consiste en retirar camiones viejos, reorganizar recorridos, eliminar rutas duplicadas y hacer más eficiente el transporte? ¿O simplemente se agregarán 60 autobuses más a una vialidad que ya vive buena parte del día al borde del colapso?

Porque la movilidad no se mide por el número de vehículos que hay en circulación, sino por la rapidez con la que la gente puede trasladarse.

Hoy Xalapa ya enfrenta un fenómeno peculiar. No es el municipio con mayor cantidad de vehículos por habitante en Veracruz. Ese lugar lo ocupa Boca del Río. Sin embargo, probablemente sí sea la ciudad donde el tráfico se siente con mayor intensidad.

Y tiene lógica.

Cada mañana miles de personas llegan desde Banderilla, Coatepec, Emiliano Zapata, Rafael Lucio, Jilotepec, Naolinco, Perote y otros municipios para trabajar, estudiar o realizar trámites. A ello se suma que aquí convergen el Poder Ejecutivo, el Legislativo, el Judicial, la Universidad Veracruzana, hospitales regionales y buena parte de las dependencias estatales.

En otras palabras, Xalapa no sólo mueve a los xalapeños… mueve a media región.

Ahora agreguemos otro ingrediente.

Mientras llegan los nuevos autobuses, también se encuentra en estudio la regularización de plataformas como Uber, DiDi e InDrive.

Es decir, al mismo tiempo podrían coexistir más autobuses, los camiones actuales, taxis, combis y nuevos vehículos de plataformas digitales.

La pregunta es inevitable:

¿Estamos construyendo un sistema de movilidad… o simplemente aumentando la competencia por el mismo pedazo de asfalto?

Porque Lázaro Cárdenas no se ensancha por decreto.

No basta con comprar autobuses nuevos para hablar de modernización. La verdadera modernización pasa por definir rutas inteligentes, eliminar duplicidades, establecer paradas funcionales, sincronizar frecuencias, integrar medios de transporte y, sobre todo, sustituir unidades viejas en lugar de acumularlas.

De otra manera, el resultado puede ser paradójico: Camiones nuevos… atrapados en el mismo embotellamiento de siempre.

Sería una especie de tráfico premium: más cómodo, con aire acondicionado… pero igual de lento.

Ojalá el proyecto contemple estudios de origen-destino, capacidad vial y demanda real de pasajeros. Porque un Plan de Movilidad no se mide por el número de autobuses que presume un boletín, sino por los minutos que logra ahorrarles a los ciudadanos. De lo contrario, corremos el riesgo de celebrar una modernización que, en la práctica, sólo vaya a modernizar el color del congestionamiento.